Desde luego que en el INE es necesaria una revisión a detalle de su estructura orgánica, no solo ni principalmente por motivos de presupuesto, sino por racionalidad y eficiencia. Solo que los mayores problemas no están en los órganos desconcentrados (juntas locales y distritales) sino en la multiplicidad de unidades, direcciones y áreas que configuran el laberinto burocrático de sus oficinas centrales.