Sandra Villafañe (Rivas, Madrid, 2005) forma parte de una generación que ya ha conocido el fútbol como una opción lógica y no como una rareza o una reivindicación. Aunque su familia era ajena al fútbol, ella se aficionó, empezó a jugar y a destacar. Siendo niña, un ojeador del Madrid CFF, uno de los pocos clubes que no está ligado a una estructura masculina, la reclutó para su cantera y desde entonces su ascenso ha sido imparable. Ha ido quemando todas las etapas de las selecciones inferiores y en estos dos partidos de clasificación para el Mundial (contra Islandia y Ucrania) puede cumplir el sueño de debutar con la absoluta. -Es su primera convocatoria. ¿Qué le ha sorprendido? Viene de un club modesto y, evidentemente, la absoluta es otra cosa. -En cuanto a lo que tenemos aquí, es muy parecido a lo que hay en la sub-23. Además, yo también estuve con Sonia [Bermúdez, la seleccionadora], y más o menos el procedimiento y todo es muy similar. Pero sí que es verdad que el ritmo, sobre todo en los entrenamientos, es mucho mayor. Se nota mucho que al final son jugadoras que llevan mucho tiempo aquí en la selección y que tienen un nivel grandísimo. -¿En la convivencia se nota algo? Al final muchas de sus compañeras son gente muy importante dentro del fútbol y sus vidas son distintas a las que pueden tener futbolistas de equipos más modestos. -Al final es más o menos parecido. Aquí intentamos conocernos, preguntarnos «¿qué tal?» y demás, pero realmente no noté mucha diferencia; me parece bastante similar. -¿No ha tenido un poco de mal de altura? Ahora convive con campeonas del mundo. -A ver, es raro porque, sobre todo los primeros días, como que no te lo crees. Apareces por aquí, por la puerta, y de repente te las encuentras, las saludas y dices: «Joder, macho, qué guay». Es un poco como que no te lo crees todavía, pero al final pasan los días y ves que son personas normales. Es verdad que son iconos del fútbol, pero luego funcionan como una más. -Cuando empezó a jugar, el fútbol femenino ya era una opción real para una niña; ya existía cierta base y conocimiento. ¿Nota la diferencia entre su manera de vivir el fútbol y la de aquellas jugadoras que no podían ni imaginarse en lo que iba a convertirse el deporte? -Yo hace no mucho tuve una entrevista en la que hablé con una chica que jugó con la selección española hace muchos años, la primera selección española, y ahí sí que me conciencié un poco de lo que vivían ellas, que literalmente no tenían nada. Nosotras tenemos una nutricionista, un montón de fisios, un cuerpo técnico gigante que está para nosotras, y todo eso ellas no lo tenían. Es que no tenían absolutamente nada. Nosotras estamos muy orgullosas porque, gracias a esa gente, a esas chicas, podemos jugar al fútbol en las mejores condiciones posibles. -El fútbol femenino ha evolucionado tanto en condiciones como en el propio juego. ¿Cuál cree que será el futuro? ¿Qué cosas que hoy no son posibles se verán en unos años? -Yo, sobre todo, espero que cada vez haya más gente interesándose por el fútbol femenino. Y creo que, obviamente, la calidad irá aumentando, porque habrá más niñas que se quieran apuntar, que desde pequeñas estén jugando al fútbol, y al final eso va a hacer que el nivel de las jugadoras se incremente. Que ya está muy alto, pero que yo creo que cada vez va a ir a más. Pero, sobre todo, eso: que la gente le dé una oportunidad al fútbol femenino, que se interese, porque es un fútbol diferente al masculino; obviamente no hay tanta velocidad porque genéticamente somos diferentes, pero que le den una oportunidad porque les va a gustar. -Una curiosidad: ¿usted en sus ratos libres ve fútbol? Además, sé que viene de una familia que no es muy futbolera. -Yo no suelo ver mucho fútbol, la verdad, más allá de los típicos partidos muy importantes de la liga masculina. Luego, en la liga femenina, sobre todo en viajes y tal, sí que nos lo ponemos todo, porque tampoco hay mucha cosa que hacer y así lo vamos comentando y viendo. Pero, aparte de eso, la verdad es que yo no soy muy futbolera como tal. -¿Y en qué se fija cuando ve un partido? Porque es diferente la mirada de una futbolista profesional a la de un aficionado. -Yo cuando lo veo, lo veo más como una aficionada, pero sí que es verdad que yo, como central, me fijo mucho en las centrales. Por ejemplo, si veo al Barça, me fijo mucho en sus centrales para ver qué hacen y aprender de ellas. -El fútbol femenino ahora es un deporte con bastante seguimiento; la selección tiene mucha audiencia, hay profesionalización… pero también persiste mucho odio alrededor. Se ven comentarios muy duros en las redes, comparativamente más que los que sufren en el masculino. -'Hate' va a haber en todos lados; siempre encuentran algo con lo que meterse con la gente. Lo que yo creo que tienes que hacer es no hacerles caso y seguir adelante, porque esto va a seguir creciendo, le guste a la gente o no. -¿Cómo se ve en un futuro cercano? Estando en la selección es imposible no pensar en el Mundial. -Yo me veo día a día. No me gusta tampoco mucho pensar en el futuro. Voy día a día, trabajando lo más duro que puedo todos los días, y sé que al final eso me va a llevar a conseguir cosas grandes, como estar en la selección, que ya lo he conseguido, o mantenerme en la liga con el Madrid en puestos altos. Creo que es más bien un trabajo diario y no tanto pensar en objetivos a largo plazo. -Para llegar a su tope dentro del fútbol, ¿algún día tendrá que salir del Madrid CFF? [Duda] Puede ser, puede ser. Creo que es una opción. De momento yo estoy muy a gusto en el Madrid, tengo muchísimos minutos y me estoy desarrollando como jugadora. Pero, obviamente, también es una opción salir fuera para crecer, ya no tanto como jugadora, sino también individualmente: salir de tu casa, de tu zona de confort. -Está estudiando Fisioterapia. Es curioso porque la mayor parte de futbolistas masculinos no pueden o no quieren ir a la universidad, pero entre ustedes sigue siendo algo importante, algo que tienen muy en cuenta. -Yo no sé las otras, aunque la mayoría sí que suelen estudiar. Para mí es una prioridad, porque el fútbol al final dura hasta los 30, hasta los 35 con suerte. Poder tener una opción para cuando se acabe es lo mejor.