Manuel M. y Encarnación L. viven en una planta baja de Porto Cristo con macetas en la entrada. Desde el pasado mes de octubre el hombre, de 69 años, miraba a ambos lados de la calle cuando salía del domicilio. A veces se desplazaba a pie hasta las esquinas para comprobar si le estaban vigilando. La mujer, de 64, se quedaba en casa con el delantal puesto donde guardaba la cocaína.