Buenas noticias para el campo alicantino, sobre todo teniendo en cuenta la crítica situación que se venía arrastrado. Y es que la provincia solo ha perdido en el último año 240 hectáreas de tierras de cultivo, frente a las más de 7.000 que se habían abandonado en los cinco ejercicios anteriores. Un frenazo en toda regla que tiene como principales protagonistas a los cereales y al olivar, que han ganado superficie por cuestiones como el final de la sequía y los buenos precios que se han venido pagando por el aceite. En el lado contrario se sitúan los cítricos, el cultivo que más ha retrocedido debido a que algunas plantaciones están siendo sustituidas por hortalizas.