De sede de la Inquisición a futuro 'epicentro cultural': "La Playa Mayor de Palma es ahora prácticamente fantasma"

Una barbería frecuentada por futbolistas es el único comercio que resiste en la zona subterránea del corazón de la ciudad. El arquitecto que ha ganado el concurso municipal para transformar la zona defiende un nuevo proyecto pensado en el ciudadano El gran socavón que ha sacado a la luz parte de la obra más colosal de la historia de Palma: sus murallas En la penumbra, el eco ha sustituido al bullicio que durante años recorrió las galerías subterráneas que yacen bajo la Plaza Mayor de Palma. Caminar hoy por sus oscuros pasillos es hacerlo entre persianas metálicas cerradas a cal y canto, escaparates tras los cuales se adivinan antiguos artículos olvidados, rótulos descoloridos que sobreviven como fósiles de un tiempo más próspero, escaleras mecánicas que, inmóviles, conducen a ninguna parte y una vieja cabina telefónica en desuso, metáfora de un subsuelo que hace años dejó de comunicarse con la ciudad. Al fondo de uno de los corredores, sin embargo, una claridad irrumpe en la oscuridad: es una barbería, el último negocio que resiste como un faro encendido en un territorio suspendido en el tiempo. “Recuerdo cuando era joven que esto era un bullicio. Ahora está muerto”, lamenta Fran, uno de los clientes que acaba de salir del local. La Plaza Mayor es un palimpsesto urbano donde se superponen siglos de memoria, desde su uso como sede de la Inquisición hasta su consolidación como corazón comercial y turístico de la capital balear. En los últimos años, sin embargo, no son pocas las voces que reclaman un cambio. Un ambicioso proyecto propone ahora convertir la zona en un “epicentro social, cultural y económico” mediante la apertura de las galerías subterráneas y la implantación de nuevos niveles y accesos peatonales. La iniciativa, sin embargo, ha despertado los interrogantes sobre el impacto que la intervención podría tener en la revalorización del centro histórico. ¿Qué tipo de ciudad emergerá de ese vacío? Mientras el discurso oficial pone el acento en la recuperación de un espacio “deteriorado” y en su reintegración en el tejido urbano, el arquitecto responsable de la propuesta, Antoni Barceló, defiende que lo que la iniciativa busca es, ante todo, devolver a la Plaza Mayor su condición de lugar de encuentro ciudadano, transformando la plaza en un lugar pensado no solo para atravesar, sino también para permanecer, y respetando a su vez su pasado. “La historia ha sido parte fundamental del planteamiento del proyecto”, remarca Barceló en declaraciones a elDiario.es. La iniciativa plantea una transformación profunda del espacio público y de sus plantas inferiores con la intención de reforzar la continuidad del tejido urbano y convertir el enclave en un nuevo “epicentro cultural”. Transeúntes en la Plaza Mayor de Palma Escaleras mecánicas que durante años transportaron a centenares de personas entre la superficie y el subsuelo de la Plaza Mayor La Plaza Mayor de Palma es un palimpsesto urbano donde se superponen siglos de memoria, desde su uso como sede de la Inquisición hasta su consolidación como corazón comercial y turístico de la capital balear. Ahora, un ambicioso proyecto propone convertir la zona en un "epicentro social, cultural y económico" Bajo la superficie de la Plaza Mayor, entre los oscuros pasillos del subsuelo, Fran contempla el proyecto con una mezcla de escepticismo y nostalgia. Su memoria recuerda tiendas de discos a los que acudía a comprar cuando era disc jockey , comercios de ropa, pequeños negocios donde uno “encontraba de todo”. En su opinión, el espacio podría reactivarse si se apostara por un comercio accesible pensado “sobre todo para los jóvenes y para quienes viven y trabajan en la ciudad, no joyerías o tiendas de marcas a 150 ó 200 euros el jersey”. En este sentido, lamenta la transformación de calles comerciales como Jaime III, donde, como en tantas otras zonas del casco histórico de Palma, el pequeño comercio ha ido desapareciendo frente a las marcas de alta gama. “La Playa Mayor es ahora prácticamente fantasma”, se lamenta, haciendo énfasis en el contraste que percibe cuando viaja por otras ciudades españolas, donde las plazas mayores rebosan de vida. Para él, la cuestión no es solo arquitectónica, sino política: facilitar que el centro vuelva a ser un lugar “para el currante”, no solo para quien pueda permitirse gastar más. Fran, uno de los antiguos clientes de la galería comercial: "La Playa Mayor es ahora prácticamente fantasma" “Cuando vine, todo el mundo sabía que lo iban a sacar” Dentro de la barbería, Vladi perfila con pulso firme el corte realizado a uno de sus clientes. Este empresario de origen cubano lleva casi nueve años al frente de 'Barber Shop Vladi', el único negocio que permanece abierto en las galerías subterráneas. “Cuando yo vine, todo el mundo sabía que en cualquier momento los iban a sacar”, recuerda, evocando cómo, cuando el resto de locales cerró definitivamente en diciembre de 2019, él decidió quedarse. Uno de los momentos que retiene en su memoria es el día en que la policía acudió a clausurar los espacios cuya concesión había expirado: “Venían con sus candados. Cortaban el tuyo y ponían el suyo. Lo que no se sacó se quedó dentro”. Desde entonces, los pasillos se vaciaron y el subsuelo entró en una especie de pausa indefinida. Él, sin embargo, no depende del tránsito casual. Su clientela llega con cita previa a través de su página web y de las redes sociales, donde ha construido una marca personal sólida. “Trabajo solo y lo hago todo personalizado. No es una barbería de llegar y cortar”, asegura. Por sus sillones han pasado jugadores del RCD Mallorca, equipos visitantes e incluso futbolistas con los que viaja para cortar el pelo en concentraciones. “Vienen cada semana. Los veo más a ellos que a mi familia”, bromea. Su agenda repleta es la prueba de que el negocio funciona, incluso en medio de un entorno apagado. Vladi, a las puertas de su barbería, el último negocio que resiste en los oscuros subterráneos de la Plaza Mayor: "Cuando yo vine, todo el mundo sabía que en cualquier momento los iban a sacar" Interior de uno de los locales abandonados en las galerías subterráneas de la Plaza Mayor Con todo, la incertidumbre es inevitable: Vladi está de alquiler y sabe que, cuando llegue el momento, tendrá que marcharse. “Al final me tendré que ir sí o sí”, admite, aunque no se resigna: su plan, cuando llegue el desalojo definitivo, es llevarse consigo lo que siente verdaderamente suyo: el nombre y la marca que ha construido durante años. “Intentaré arrastrar eso. Que sea el nombre lo que llame la atención”, confía. De la 'casa negra' a la consolidación comercial La Plaza Mayor ocupa un lugar central en la historia de Palma. Sin embargo, no existía como tal durante la época medieval: el tejido urbano del centro histórico estaba formado por estrechas e intrincadas calles propias de la ciudad islámica que la urbe fue durante siglos. En uno de sus laterales funcionó la 'Casa Negra', sede del máximo órgano encargado de velar por el mantenimiento de la ortodoxia católica entre el siglo XV y principios del XIX: la Inquisión. En una isla en la que era frecuente acudir a saludadores, sanadores, videntes o hechiceros, quienes llevan a cabo sortilegios y encantamientos dirigidos a conseguir el amor deseado, mejorar la salud o hallar a personas desaparecidas y fallecidas, el Santo Oficio persiguió con dureza las herejías , aunque raramente aplicó la pena de muerte a personas cuya ignorancia, sostenía el tribunal, era vilmente manejada por el diablo. Con todo, en la 'Casa Negra' acabaron encerrados la mayor parte de los acusados de las más doscientas causas que la Inquisión abrió por brujería, y sin apenas garantías, en la mayor de las Balears. El inmueble sería finalmente derribado en 1823. En paralelo, y hasta principios del siglo XIX, el solar estaba ocupado por el convento de Sant Felip Neri. La calle de la Inquisició, en las proximidades de la Plaza Mayor, es el único vestigio toponímico de la institución que durante siglos vigiló la ciudad. Imagen de 1951 del lugar donde se ubicaba 'La casa negra', sede de la Inquisición en Mallorca Las desamortizaciones impulsadas por los gobiernos liberales en el siglo XIX y la presión por abrir nuevas centralidades urbanas llevaron a la demolición de conventos y murallas, como sucedería en Palma con el derribo del convento de Sant Felip Neri y de la antigua sede inquisitorial, dando pie, en 1838, a la edificación de una plaza pública que, siguiendo el modelo de la Plaza Real de Barcelona y en un intento de adaptar el modelo de la plaza castellana a una antigua ciudad mediterránea, sustituiría la lógica cerrada medieval por un espacio rectangular abierto definido por soportales y edificios porticados. Una voluntad de modernización que, sin embargo, no se detuvo con el 'fin de siècle'. En 1931 entró en servicio el ferrocarril que, a través de un extenso túnel subterráneo, conectaba el corazón de la ciudad con el muelle a través del subsuelo. Durante la Guerra Civil, el conducto fue utilizado como refugio antiaéreo, con accesos habilitados en la Plaza Mayor. Tras sus últimos viajes, la línea dejó de utilizarse en 1965. El túnel del ferrocarril, a su paso por debajo de la Plaza Mayor, desmantelado con la construcción de los aparcamientos subterráneos de la zona Fue en 1969 cuando, en pleno auge del automóvil y de los nuevos hábitos de consumo, la Plaza Mayor volvería a transformarse. Bajo la explanada decimonónica se excavó un aparcamiento subterráneo y se construyeron unas galerías comerciales que respondían al imaginario moderno de la época: una ciudad funcional adaptada al tráfico rodado y a la oferta comercial. Aquella intervención introdujo una dimensión vertical inédita hasta entonces, conectando el espacio público superior con un subsuelo dedicado al comercio, enlazando, además, la parte alta del casco antiguo con la parte baja de la ciudad. Las obras, así como la construcción de otros parkings en las proximidades, cercenó más de 80 metros del túnel del ferrocarril, cuya rehabilitación se convirtió en una reivindicación histórica que aún resuena. Construcción de los aparcamientos y las galerías subterráneas de la Plaza Mayor a finales de los años sesenta La Plaza Mayor, cuando se encontraba ajardinada La plaza dejaba así de ser un vacío urbano heredado del siglo XIX para convertirse en un nodo de movilidad y actividad económica en varias capas: mientras el subsuelo absorbía la movilidad y el comercio, sobre la superficie aflorarían jardines, bancos y un mercado que reforzarían su condición de lugar de encuentro. Sin embargo, lo que en su momento simbolizó progreso es hoy el estrato más problemático del conjunto: un subsuelo fragmentado, oscuro y progresivamente abandonado que encarna los límites de aquel modelo urbano. En los últimos años se han sucedido diagnósticos, estudios técnicos y propuestas de reactivación que han intentado devolverle el sentido a ese espacio soterrado, desde planes para reforzar su uso cultural hasta intentos de reordenación comercial. Entre anuncios y cambios de gobierno, las galerías han permanecido en un limbo. Ahora, el proyecto ganador del concurso de ideas para la reforma, titulado Ágora 001 y liderado por Barceló Balanzó arquitectes y Scob Arquitectura i Paisatge, busca revitalizar la plaza “respetando su identidad histórica”, tal como señalan los autores de la propuesta. De acuerdo a la memoria del proyecto, la intervención parte de la idea de reforzar la continuidad del tejido urbano y dotar al conjunto de nuevos usos que favorezcan su vitalidad, entendiendo la plaza como un lugar de encuentro donde la ciudad reconozca su identidad y mejore su relación con la Rambla, las calles adyacentes y el espacio bajo rasante. Uno de los gestos centrales de la propuesta es la creación de un gran atrio que reinterpretará el antiguo claustro del antiguo convento de Sant Felip Neri e introducirá iluminación y ventilación natural al nivel inferior frente a su desconexión actual. La plaza se reorganizará en dos niveles conectados por una gran escalera, manteniendo la cota superior como un gran vacío urbano flexible y activando la planta inferior como un espacio cultural y comercial complementario. Barceló subraya que el proyecto no debe entenderse como una operación convencional de reactivación comercial, sino como una intervención orientada a recuperar el carácter cívico del espacio. “La propuesta se centra más en la parte cultural y social que en la comercial”, señala a este medio. El objetivo, sostiene, es “revitalizar la zona como tejido cultural y de actividad ciudadana que ahora no tiene”, transformando la plaza en un lugar de estancia y no únicamente de tránsito. En ese sentido, la iniciativa contempla la creación de un centro de interpretación que explique la historia de Palma, así como la programación de actividades como teatro, ciclos de conciertos o cine al aire libre, abriendo de este modo las puertas “a otras actividades sociales y culturales además de las ya tradicionales”. Reacreación de la futura Plaza Mayor El trabajo de diseño ha estado profundamente marcado por el estudio histórico del lugar. El equipo, señala, ha analizado “el pasado y el presente de la plaza, desde sus orígenes hasta ahora” en un proceso que abarca casi dos siglos de transformaciones urbanas. Barceló recuerda que el solar estuvo ocupado por los claustros de la Casa Negra y el convento de Sant Felip Neri, una referencia que ha servido para recuperar la idea del claustro como elemento central del nuevo atrio, entendido como una forma de “reescribir la historia del lugar”. También se han tenido en cuenta, añade, hitos posteriores como el Plan Alomar de 1943 -el proyecto urbanístico impulsado por el arquitecto Gabriel Alomar, quien buscaba modernizar Palma mediante la apertura de grandes avenidas y la reordenación del centro histórico para adaptarlo a las necesidades de la ciudad contemporánea- o la reforma de 1969 que introdujo el aparcamiento y las galerías comerciales. “La historia ha sido parte fundamental del planteamiento del proyecto”, incide. Críticas por gentrificación Frente a las voces que apuntan al riesgo de gentrificación de la zona ante el previsible aumento de la presión sobre los precios y usos del entorno -el PSIB-PSOE llegó a vaticinar que la plaza se convertirá en “una franquicia para los turistas”-, el arquitecto defiende que el proyecto responde a una necesidad urbana evidente. “Nosotros pensamos que la ciudad, con esta intervención del todo necesaria, gana un espacio más para actividades y se mejora claramente todo el entorno”, señala. A su juicio, la modernización de los centros históricos implica generar “sinergias con la ciudad y sus habitantes” capaces de albergar nuevas actividades sin renunciar a sus tradiciones. En ese sentido, enmarca la reforma dentro de una visión estratégica más amplia: “Nos parece que es una apuesta por la Palma del futuro que aspira a ser capital europea de la cultura en 2031”. Desde el punto de vista constructivo y ambiental, la iniciativa apuesta por una estrategia de sostenibilidad basada en geotermia abierta, la reutilización de aguas pluviales, una instalación fotovoltaica en cubierta e iluminación LED regulada, además de plantear el reciclaje de escombros del propio vaciado para fabricar elementos prefabricados de fachada en hormigón con marès reciclado, buscando reducir la huella ecológica y reforzar la identidad material del conjunto. En este sentido, Barceló reconoce que el proyecto se encuentra todavía en fase de desarrollo y que soluciones como la geotermia abierta están siendo evaluadas en detalle: “Ahora mismo estamos en fase de redacción de proyecto y en un proyecto de esta complejidad todas las cuestiones técnicas, como no puede ser de otra manera, están en revisión”. La viabilidad definitiva de estas medidas dependerá, por tanto, de los estudios técnicos que se realicen durante la fase de proyecto ejecutivo, en un subsuelo marcado por décadas de intervenciones y superposiciones urbanas. Paseantes en la Plaza Mayor Recientemente, el Ayuntamiento encargó un informe dirigido a valorar en qué estado se encuentra la Playa Mayor antes de proceder a su reforma. En este sentido, el alcalde de Palma, Jaime Martínez, asegura que los resultados del análisis no condicionarán la viabilidad de las actuaciones proyectadas. “El estudio ya estaba previsto que debía realizarse, y para cualquier tipo de obra o de proyecto se necesitan datos. Este es un estudio más”, defendió el pasado 10 de febrero en declaraciones a los medios. El primer edil asevera que, con este proyecto, el Consistorio tratará de convertir la plaza Mayor en el “epicentro” de la actividad social, cultural y económica de Palma, mediante la aportación de soluciones “efectivas, de gran operatividad y funcionalidad”. Carme Vidal, presidenta de la Asociación de Vecinos de la Plaza Mayor, no duda en afirmar que el barrio “está contento” con la iniciativa municipal al recordar que la zona “lleva abandonada muchos años”, una situación que califica de “lamentable” tratándose del “centro neurálgico de Palma”, teniendo en cuenta sobre todo que la ciudad aspira a proyectarse como capital cultural. Vidal participó en el jurado del concurso de ideas en representación de los vecinos y asegura que, pese a que había propuestas “muy buenas”, hubo un consenso “claro” en torno a la iniciativa ganadora. Uno de los aspectos que más valora es la resolución de los accesos y la conexión entre la parte alta y la parte baja de la ciudad, una reivindicación histórica del vecindario. “Yo creo que Palma es la única ciudad europea que tiene una muy deficiente comunicación entre la ciudad alta y la ciudad baja”, sostiene, comparando la situación con ciudades italianas o con Lisboa, donde existen rampas y ascensores que salvan los desniveles. Carme Vidal, presidenta de la Asociación de Vecinos de la Plaza Mayor: Balcones en uno de los laterales en la Plaza Mayor, característicos por sus fachadas amarillas y barandillas de hierro forjado Vidal recuerda que las escaleras mecánicas llevan años sin funcionar y que el aparcamiento presenta barreras arquitectónicas que obligan a subir “el equivalente a dos pisos andando”, algo que considera inaceptable en pleno siglo XXI. En ese sentido, cree que el proyecto “resuelve muy bien el ascenso” al incorporar rampas y ascensores que permitirían acceder sin obstáculos desde la Rambla o el Born. No obstante, admite que el plan es “muy ambicioso, muy atrevido, innovador” y que genera inquietudes entre algunos residentes. Hay vecinos que temen el impacto estructural de la gran apertura prevista en la plaza, dado que bajo el pavimento se encuentran las vigas del aparcamiento, y otros que opinan que bastaría con “una lavada de cara muy a fondo” en lugar de una intervención de tal envergadura. Carme asume que las obras serán largas y molestas, pero insiste en que “lo que se ha de mirar es el bien de la ciudad” y que resulta “increíble” que el deterioro se haya prolongado tantos años. Hay vecinos que temen el impacto estructural de la gran apertura prevista en la plaza, dado que bajo el pavimento se encuentran las vigas del aparcamiento, y otros que opinan que bastaría con “una lavada de cara muy a fondo” en lugar de una intervención de tal envergadura Historiadora del arte de formación, también contextualiza la plaza en una tradición urbanística más amplia. Recuerda que la Plaza Mayor es fruto de la desamortización y que para construirla se destruyó la trama medieval, incluida la calle donde nació Ramon Llull , y señala que, con apenas 3.000 metros cuadrados, es “la más pequeña” si se compara con otras plazas mayores españolas. Para ella, el debate actual no puede desligarse de esa historia: la plaza ha sido siempre un espacio forzado por decisiones políticas y urbanísticas y ahora vuelve a situarse en el centro de una discusión sobre cómo debe relacionarse Palma con su pasado y con su futuro. Parte de los subterráneos de la Plaza Mayor, antaño bulliciosas galerías comerciales Déficits estructurales Mientras tanto, la arquitecta Cristina Llorente, directora de Arquitectives y miembro del colectivo Palma XXI, integrado por historiadores, geógrafos, arquitectos y urbanistas, recuerda que en 2020 su equipo coordinó el proceso participativo impulsado por el anterior equipo de gobierno con el objetivo de definir los usos futuros de las galerías y el papel de la Plaza Mayor en la ciudad. En declaraciones a este periódico, recuerda que aquel proceso recogió demandas que durante años habían efectuado asociaciones vecinales y entidades sociales: abrir las galerías al exterior, introducir usos culturales y sociales, mejorar la conexión con el entorno y, sobre todo, recuperar la Plaza Mayor como lugar de encuentro ciudadano y no únicamente como escenario orientado al turismo. En un contexto de emergencia climática, añade, una gran superficie dura sin sombra ni espacios de estancia tiene poco sentido como espacio de relación contemporáneo. Llorente subraya que ese trabajo participativo quedó durante años en una fase preliminar y que desconoce hasta qué punto fue incorporado a las bases del concurso de ideas convocado posteriormente. También insiste en que conviene ser prudente al valorar el anteproyecto ganador, dado que se trata de un concurso de ideas y, en su experiencia, entre la propuesta premiada y el proyecto finalmente ejecutado suele haber diferencias sustanciales debido a ajustes normativos, técnicos y presupuestarios. Con todo, considera que, desde el punto de vista urbano, la apertura de las galerías mediante grandes vacíos y gradas que introduzcan luz y ventilación puede ser una respuesta razonable a uno de los principales problemas actuales: el carácter oscuro y poco amable del espacio subterráneo. Sin embargo, advierte de que esta operación también transforma la imagen tradicional de “plaza mayor” como gran explanada porticada y recuerda que el modelo histórico -heredero de procesos de desamortización y, en el caso de Palma, construido sobre el antiguo convento de Sant Felip Neri y las dependencias de la Inquisición- presenta hoy graves déficits funcionales. La vida continúa en la superficie de la Plaza Mayor mientras el subsuelo permanece vacío y a la espera de su transformación En relación con el impacto social, Llorente enmarca el debate en la tensión clásica entre mejora urbana y gentrificación. A su juicio, dejar que los espacios se degraden para evitar la revalorización no es una solución, pero tampoco lo es intervenir sin acompañar la reforma con políticas públicas que amortigüen los efectos del mercado. Señala que existen herramientas -como la aplicación de la Ley Estatal de Vivienda para limitar precios, el ejercicio del derecho de tanteo y retracto o la compra pública de locales para destinarlos a comercio de proximidad- que pueden modular la velocidad y agresividad de los procesos de sustitución social. Más allá del caso concreto de la Plaza Mayor, la arquitecta cuestiona la proliferación de grandes proyectos urbanos desligados de una estrategia global de ciudad. Considera que Palma arrastra problemas estructurales, especialmente en el Ensanche, que no están siendo abordados, y defiende una combinación de intervenciones estratégicas con actuaciones de “acupuntura urbana” más pequeñas y continuas. En ese sentido, advierte del riesgo de que concursos ambiciosos se conviertan en anuncios de gran impacto mediático pero difícil ejecución si no cuentan con respaldo presupuestario suficiente. Con todo, Llorente reconoce aciertos en la propuesta ganadora, especialmente en la reformulación de la fachada hacia la Rambla y en la intención de introducir luz y actividad en las galerías, un potencial hasta ahora desaprovechado. Su conclusión es matizada: la intervención puede corregir déficits evidentes del espacio actual, pero su alcance real dependerá tanto de cómo se materialice técnicamente como de las políticas urbanas y sociales que la acompañen. Escaleras que dan acceso desde la Rambla a la Plaza Mayor Tapiz en el subterráneo de la Plaza Mayor Otro de los colectivos que se ha pronunciado sobre el anteproyecto ganador es la Associació d’Amics del Ferrocarril. Su presidente, Miquel Àngel Riera, expresa su “apoyo” a la propuesta, pero considera que la reforma no puede limitarse a la superficie, sino que debe incorporar los vestigios históricos que atraviesan el subsuelo de la plaza, como el túnel del ferrocarril, testigo de casi un siglo de movilidad, guerra y sucesivas transformaciones urbanas. A día de hoy, sostiene la entidad, esta infraestructura “sería perfectamente accesible y visitable” desde la salida del puerto, bajo las murallas, hasta los aparcamientos de la Plaza Mayor, así como en el tramo que conecta con el Mercat del Olivar. También ARCA, la principal entidad de defensa del patrimonio en Baleares, valora positivamente varios aspectos de la propuesta, como la creación de nuevos espacios de estancia en distintos niveles, la entrada de luz natural en la planta subterránea -donde se ubicará el centro de interpretación- y la mejora de la accesibilidad peatonal desde la Rambla. Sin embargo, advierte de que el proyecto, tal como ha sido presentado, ignora elementos patrimoniales existentes que considera esenciales. Entre ellos menciona el túnel ferroviario y las históricas casetas de la Costa des Teatre, con más de un siglo de antigüedad, cuya conservación e integración figuraban en las bases del concurso. La entidad reclama que ambos elementos se incorporen “sí o sí” al proyecto definitivo y alerta, además, de que la conexión prevista con la Rambla no debería implicar la pérdida de ningún fragmento de este paseo histórico, algo que, según su interpretación de los planos, podría producirse. ARCA confía en que el Ayuntamiento atienda estas peticiones, que considera un valor añadido para la intervención, y señala que las palabras del alcalde durante la presentación, en las que garantizó la conservación de los elementos patrimoniales, contribuyen a generar cierta tranquilidad.