Si eres mal estudiante, para la FP. Si no vales para estudiar, a la FP. Si no tienes claro qué hacer, sácate una FP. La eterna alternativa, un buen «plan b». Esta arcaica concepción de la Formación Profesional ha dado un giro de 180 grados y ahora en sus pupitres se sientan lo mejor de cada clase de la ESO o incluso de Bachillerato. «En total con la ABAU tenía cerca de un 12 y me metí en Ingeniería Aeroespacial. Pensaba que con mi nota era lo que tocaba. Después de dos años lo dejé, no era para mí, no me apasionaba; a la gente le gustaba hablar de las clases al terminar. A mí no. Empecé entonces a trabajar en Citroën y me di cuenta que era mi vocación. Ahora estoy con el ciclo superior de Transporte y Logística, que es a lo que realmente me quiero dedicar», cuenta Nicolás Urcera Rebolledo, estudiante del último curso de un ciclo de FP en el CPR Aloya.