La silueta de la cigüeña blanca (‘Ciconia ciconia’) forma parte del paisaje más familiar y representativo de Extremadura: de sus torres, de sus espadañas, de los cortijos en mitad de la dehesa. Es un santo y seña de los cielos tan limpios de la región, un símbolo que acompaña la llegada de la primavera y que define el ‘skyline’ más típico de pueblos y ciudades.