Al llegar a Madrigal de la Vera, lo primero que recibe la mirada del viajero es la imponente Sierra de Gredos, nevada en invierno y desnuda en verano, que se alza como un guardián eterno sobre la localidad. Desde sus laderas desciende la Garganta de Alardos, cuyas aguas son salvadas por el conocido como el Puente Romano de Madrigal de la Vera, o, localmente, como ‘Puente Viejo’. Este antiguo monumento no es solo un paso sobre el río, sino un hito histórico que conecta paisaje, ingeniería y misterio.