Durante años, en Cedillo, hablar de Portugal ha sido hablar de distancia. No por los kilómetros en línea recta, apenas una docena hasta Montalvão, sino por los que obligaba a recorrer la carretera cuando el paso por la presa estaba cerrado entre semana. Más de cien kilómetros de rodeo para ir a comprar, trabajar, visitar a un familiar o hacer una gestión. Ese sobrecoste diario (de tiempo, combustible y oportunidades) es el que el puente sobre el río Sever pretende borrar del mapa.