Barcelona vuelve a convertirse en el epicentro global de la industria móvil con una edición histórica del Mobile World Congress Barcelona, organizado por la GSMA, que celebra dos décadas en la ciudad. El sector que aquí se reúne representa ya cerca del 6% del PIB mundial y afronta un punto de inflexión: la entrada en lo que muchos ejecutivos denominan la “era agéntica”. Es decir, una etapa en la que la inteligencia artificial no solo responde órdenes, sino que toma decisiones, anticipa necesidades y ejecuta tareas de forma autónoma en dispositivos y redes. El foco está en la IA integrada en el hardware. Gigantes de los semiconductores como Qualcomm y MediaTek compiten por liderar los chips que darán vida a móviles capaces de ejecutar modelos avanzados sin depender completamente de la nube. La apuesta es clara: más potencia en el dispositivo, menor latencia y mayor privacidad en el tratamiento de datos personales, uno de los grandes debates éticos que atraviesan esta edición. La conectividad es el otro gran pilar. El 5G Advanced promete acercarnos a un escenario en el que expresiones como “no tengo cobertura” desaparezcan del vocabulario cotidiano. Donde no lleguen las antenas tradicionales, entrará en juego la conexión satelital integrada en smartphones. En paralelo, el 6G asoma en demostraciones preliminares que apuntan a aplicaciones críticas como la telemedicina sin latencia o la automatización industrial en tiempo real. No se trata solo de descargar más rápido una serie, sino de habilitar cirugías remotas, fábricas inteligentes y vehículos conectados con precisión milimétrica. En el terreno de los dispositivos, marcas como HONOR han sorprendido con conceptos que mezclan robótica e inteligencia artificial, desde su “Robot Phone” hasta avances en móviles plegables como el Magic V6. Por su parte, Xiaomi ha reforzado su ecosistema con la nueva serie 17, wearables y soluciones de movilidad eléctrica, dibujando un futuro hiperconectado en el que el smartphone es solo el centro de una red de dispositivos inteligentes. Además, con uno de los stands (y zonas) más imponentes del congreso, Huawei ha vuelto a demostrar su músculo tecnológico en redes, infraestructura y dispositivos. La compañía exhibe su apuesta por la conectividad total con un smartphone capaz de realizar videollamadas rápidas incluso vía conexión satelital, un paso más hacia ese escenario en el que la cobertura deja de depender exclusivamente de las antenas terrestres. El talento emergente también tiene su escaparate en 4YFN, donde startups de inteligencia artificial, movilidad y software vertical presentan soluciones que buscan transformar sectores tradicionales: Industria 4.0, SaaS especializado y automatización inteligente marcan una agenda que va mucho más allá del consumo masivo. En esta edición no hay presencia de empresas rusas debido a las sanciones derivadas de la guerra en Ucrania, mientras que sí participan delegaciones israelíes y palestinas, en medio de tensiones que también han afectado a la logística y los vuelos internacionales. El consejero delegado de la GSMA, John Hoffman, ha defendido la neutralidad del congreso y su vocación global, subrayando que el evento mantiene su carácter abierto siempre que no existan sanciones internacionales que lo impidan. Veinte años después de su aterrizaje en Barcelona, el MWC ya no es solo una feria de teléfonos. Es un termómetro del poder tecnológico mundial, un espacio donde se cruzan innovación, geopolítica y regulación. La pregunta que sobrevuela los pabellones de Fira Gran Via no es qué móvil compraremos el año que viene, sino quién controlará la inteligencia que los hará funcionar. Y, sobre todo, con qué reglas.