Sevilla es la segunda provincia del mundo con más monjas de clausura. No obstante, las vocaciones son cada vez más escasas, al igual que los medios para mantener los conventos. Para evitarlo y recaudar los fondos necesarios para seguir con su actividad, hay órdenes que han optado en los últimos años por reinventarse para recaudar fondos más allá de los dulces y los bordados. El turismo es una gran herramienta para muchos de ellos, que gracias a los beneficios obtenidos con hospederías, apartamentos turísticos o la musealización de sus dependencias logran mantener su misión. En algunos casos no es suficiente y se ven obligadas a reubicarse en otros conventos de la orden, como pasó con las monjas de Beatriz de Suabia de la calle Socorro, que abandonaron su sede hace unos años para trasladarse a Mairena del Aljarafe. Un inmueble que actualmente está cerrado y sin actividad alguna. En estos casos, normalmente, las órdenes acaban vendiéndolos a fondos de inversión o promotoras, ya que son las únicas que pueden pagar inmuebles de tales dimensiones y, la mayoría de las veces, con una gran riqueza patrimonial y arquitectónica. Sucedía precisamente eso recientemente con el de las Siervas de Jesús, en la calle San Vicente, cuya venta se ha efectuado por un valor de cinco millones de euros. En 2023 el convento cerró, ya que solo quedaban allí dos monjas. Las Siervas de Jesús de la Caridad estuvieron durante 70 años en la capital hispalense. Desde que llegaron a Sevilla en 1953 fueron muchas y diversas las labores que desempeñaron, destacando el acompañamiento y atención a personas mayores y enfermos en sus casas por las noches. Cuando se da una venta de este tipo, hay una tutela por parte de Urbanismo y Patrimonio de la Junta de Andalucía. Además, cuando las transacciones superan el millón de euros, se debe permiso al Vaticano, que verifica la razón de esa venta. No obstante, con estas operaciones en las que se recupera el patrimonio arquitectónico, se pierden muchos bienes muebles de forma masiva, desde cuadros a telas. Y más allá de ello, hay una pérdida «mayor»: la etnológica . El valor y los saberes que las monjas aportan a la sociedad -como puede ser su repostería artesana, los bordados o los trabajos de restauración- se esfuman al tener que cerrar sus puertas. Los conventos y monasterios en los que habitan otorgan una riqueza incalculable al patrimonio de la ciudad, que en muchos casos es desconocido hasta por los propios sevillanos. Aquellos que se habilitan para la recepción de turistas pueden ser gestionados directamente por las órdenes , como sucede en San Clemente y Santa Paula, que además tiene un pequeño museo susceptible de que se amplíe. San Leandro funciona de la misma manera; las propias monjas alquilan como habitaciones la que fuera la vivienda del capellán, así como otras tres viviendas. El convento de Santa Rosalía, en la calle Cardenal Spínola, también cuenta con hospedería y salones independientes de la clausura y acceso propio que alquilan esporádicamente. La otra posibilidad es que esa gestión se ceda a un tercero , como en el convento de Santa María de Jesús en la calle Águilas, que cuenta con cuatro apartamentos de uno a tres dormitorios que pueden alquilarse a través de Airbnb. Otro ejemplo es el convento de San Alberto, que contaba con una antigua hospedería y que a finales de 2024 se conoció que parte de sus dependencias pasarían a ser apartamentos turísticos. Las salesas de la plaza de las Mercedarias tienen junto a su convento un edificio anexo en el que construyeron apartamentos turísticos. El mayor problema de estos complejos es que, al ser tan grandes, necesitan unos fondos millonarios para mantenerlos como les gustaría. Esto provoca que las religiosas vayan cerrando dependencias de los conventos y se vayan recluyendo en menores espacios, algo también motivado por la falta de nuevos ingresos. Sucedió en Santa Clara, donde en su día había 200 monjas y ahora son seis. Algo que también se ha dado en Santa Inés. Según explica Manuel Romero, director de Patrimonio del Ayuntamiento de Sevilla, a este periódico la ocupación en las hospederías no es muy alta; cosa que sí sucede más cuando son directamente apartamentos turísticos. Esto se debe principalmente a una menor exhibición, además de una serie de normas y horarios al compartir más espacios con las monjas que si se trata de un apartamento independiente. «La queja general es por la falta de ocupación; principalmente porque no entran en los circuitos comerciales», explica Romero. Para ello es necesaria principalmente la inversión para adaptarlo y poder hacer frente al deterioro al que se enfrentan, y aquellos que lo consiguen necesitan una mayor difusión, así como un asesoramiento de cómo aprovechar los instrumentos actuales; por ejemplo, publicitarse en internet. El problema del impulso del turismo viene dado cuando las propias órdenes son muy celosas de su clausura, ya que es su fin y están en su derecho de querer interferir lo más mínimo con la vida de la comunidad . «El convento de Santa Inés tiene un par de apartamentos y ya. No quieren que se les visite ni musealización», explica el director de patrimonio. Concretamente, se alquila como alojamiento entero sus cuatro habitaciones, que están en una casa anexa al convento y que también puede reservarse en las plataformas de pisos turísticos. Cuentan con unas salas de exposición que fueron cedidas en 1992 a la Consejería de Cultura por 50 años. Otro ejemplo de ello es el monasterio del Espíritu Santo, en San Juan de la Palma, donde, a pesar de tener una pequeña hospedería, solo está abierta a familiares de las religiosas. De igual manera, quedan otros conventos en los que no se da ningún tipo de servicio de alojamiento, como puede ser el de las teresas o el de las Hermanas de la Cruz. Precisamente la «cuestión congénita» que viene asociada al término « clausura », así como los imponentes muros en los que se encierra este rico patrimonio, es la que, a juicio del director de Patrimonio, hace que turistas y sevillanos vivan de forma paralela a estos edificios y a quienes habitan en ellos. Para luchar contra ello, algunos historiadores y guías turísticos están incluyendo conventos en sus itinerarios. Los viacrucis de las hermandades cercanas los propios conventos, que deciden hacer parada en ellos, dan acceso directamente a la comunidad a participar y es otra oportunidad para que estos lugares sean descubiertos por los ciudadanos. Desde el propio Ayuntamiento junto con la Archidiócesis de Sevilla y la Cámara de Comercio, hace unos meses se lanzó la fundación ' Sevilla Oculta' . Este convenio marco se comprometía a subvencionar anualmente un convento al año con medio millón de euros para su rehabilitación. El Consejo de Gobierno de la Gerencia de Urbanismo va a aprobar un cambio burocrático en dichas prestaciones para que no sean anualidades. Además de la financiación y captación de inversores privados para llevar a cabo las restauraciones de los conventos, Sevilla Oculta trabaja en asesorar a las órdenes para optimizar la gestión de sus instalaciones, así como en la labor de divulgación de los espacios para que se integren en los circuitos turísticos de la capital hispalense. Así como organizar actividades culturales en los que cuenten con las instalaciones óptimas para ello. Con este trabajo no solo se pretende animar al forastero, sino también al sevillano para que conozca los tesoros escondidos de su propia ciudad y no viva «de espaldas» a ellos.