José Ballesta desgrana el alma de la Semana Santa de Murcia

El alcalde de Murcia, José Ballesta, ha compartido sus reflexiones sobre la Semana Santa en una entrevista en COPE, describiéndola como una manifestación que va más allá de la fe para convertirse en un reflejo del alma de la ciudad. Ballesta asegura que ya siente cómo la "sangre empieza a bullir" al escuchar los ensayos de los tambores por las noches, un preludio sonoro que anuncia que todo está preparado para los días grandes. Ballesta subraya que la Semana Santa murciana es una experiencia "de los sentidos". A diferencia de otros lugares, en Murcia las procesiones "pasean" con un ritmo cadencioso y las imágenes son "suaves, tiernas, no hieren". Para el alcalde, esta particularidad es "el reflejo de la idiosincrasia y de la manera de ser de las gentes de Murcia, que son gente sensible, lírica, a la que le gusta la sencillez y la normalidad". Esta celebración se percibe a través de la vista, con los colores de las túnicas; del gusto, con los sabores de los caramelos; y del olfato, con la mezcla del incienso y el azahar de la primavera. Una combinación que, según el regidor, genera "una sensación y una sensibilidad únicas, que solo se produce en Murcia". Durante su intervención, el alcalde ha hecho hincapié en el orgullo de pertenecer a Murcia, una idea que considera que ha cuajado en la sociedad. "Si en algún tiempo ha existido dudas, titubeos, vacilaciones y algún complejo, esto se ha acabado ya", afirma Ballesta, quien le gusta decir que "los murcianos somos gente normal que hace cosas excepcionales". Atribuye este cambio, en parte, a las nuevas generaciones que han viajado, se han formado y han triunfado fuera, volviendo sin los complejos de antaño. En este sentido, ha lanzado una clara advertencia: "No soportar, desde luego, ni una broma más ni una ironía más sobre nuestra condición de murcianos". En un tono más personal, José Ballesta ha recordado su faceta como nazareno estante del Santísimo Cristo de la Esperanza. Describe su participación como el cumplimiento de un "rito ancestral", una cadena de la que se siente una pequeña parte. "Ahora que estoy retirado de estas labores, pues ya mis hijos van ocupando mis lugares en las distintas procesiones, y el año pasado se estrenaron ya mis nietos", explica. El alcalde rememora con cariño la camaradería que se vive bajo el trono, donde "no hay diferencia ni hay distancia" y las bromas de los compañeros son constantes para animar a "meter el hombro". Su nueva posición como espectador le permitirá, por primera vez, ver la procesión de la Esperanza de forma completa, una experiencia que para los estantes es imposible al ir delante del trono. Finalmente, Ballesta ha recordado la dualidad de las fiestas, destacando que lo importante de la Semana Santa "es la parte religiosa y todo lo que ello conlleva". Después, asegura, llegará el turno de las Fiestas de Primavera, que son "la explosión de la luz, del color, de las sensaciones", cuando los murcianos se manifiestan "libres, alegres y acogiendo a todo el mundo sin diferencias".