El ataque conjunto lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán supone un punto de inflexión en la ya frágil estabilidad regional. A primera hora de ayer, ambos gobiernos anunciaron el inicio de una operación militar a gran escala. Donald Trump la describió como “masiva y en curso”, destinada a neutralizar amenazas inminentes, mientras que Benjamín Netanyahu la presentó como una acción preventiva frente a lo que considera una amenaza existencial pero la operación parece orientada no solo a debilitar sino a propiciar la caída del régimen de los ayatolás. Se registraron explosiones en Teherán, Isfahán y Tabriz e Israel movilizó decenas de miles de reservistas y declaró el estado de emergencia. Irán anunció inmediatamente una ‘respuesta ilimitada y sin líneas rojas’ y el Gobierno interrumpió internet y la telefonía en todo el país. Se produjeron oleadas de misiles y drones contra territorio israelí y bases estadounidenses en Catar, Baréin y Emiratos Árabes Unidos y Jordania interceptó proyectiles sobrevolando su espacio aéreo.