En la inauguración del nuevo Mercado Municipal de Almuñécar, su arquitecto, Rafael Soler, ha compartido la visión que ha dado forma al proyecto. Ha descrito el proceso como una obra "muy larga, muy dificultosa, pero también muy hermosa", fruto de la ilusión y el esfuerzo de un gran equipo de técnicos, constructores y el respaldo de la corporación municipal. La filosofía central del diseño es clara: la arquitectura debe dar un paso atrás para que la vida y las personas tomen el protagonismo. Soler defiende que la arquitectura es el escenario donde se desenvuelve la vida, y ahí es donde radica su verdadera belleza. "Lo que es verdaderamente relevante es la vida de las personas", ha afirmado. Este enfoque se traduce en un espacio que, aunque arquitectónicamente cualificado como "elegante y acogedor", huye de la vanidad. Para Soler, la satisfacción llega al ver que la teoría se hace realidad: "es hermoso [...] ver esto ya lleno de gente y la gente contenta diciendo que les gusta". El diseño contempla amplias zonas diáfanas como un "espacio de oportunidad". Según ha explicado el arquitecto, tener la "valentía de dejar vacío" permite que "pueda pasar de todo", desde poner mesas hasta instalar un piano, cediendo el lugar a la improvisación y a la vida de la gente. La sostenibilidad ha sido otro pilar del proyecto. Se han utilizado materiales que absorben CO2, como la madera del techo, para "bajar la huella de carbono" y responder al reto del cambio climático. El diseño también cuida la espacialidad, la transparencia y la luz, inspirándose en las casas de Almuñécar para integrarse en el entorno. Soler ha destacado la dimensión urbana del mercado, citando a un catedrático que lo ha calificado como "fabuloso, pero, sobre todo, urbano porque crea ciudad". Recuperando las palabras de un antiguo maestro, ha concluido que lo importante no es la arquitectura en sí, "sino la comunidad que permite habitar estas arquitecturas". El arquitecto ha querido reconocer a su equipo, formado por su socio Francisco Martínez Manso, también profesor de la Escuela de Arquitectura, y por Nico Heinz y Alejandro Sánchez, antiguos alumnos de ambos. Para Soler, es una "alegría saber que hay generaciones por debajo que siguen entendiendo la arquitectura desde este punto de vista".