Hacía dos semanas que Luis daba por hecho que se avecinaba un ataque inminente contra Irán y que este traería consigo consecuencias inevitables. La sorpresa, como mucho, ha sido que se produjera en pleno día y en sábado, día sagrado en el judaísmo. “Es triste, pero digamos que es un poco rutinario y forma parte de la realidad que se vive aquí”, cuenta a EL PERIÓDICO Luis Vega, un médico español que lleva seis años viviendo en Tel Aviv junto con su mujer, originaria de Israel, y sus dos hijos, de dos y cuatro años. “Fue complicado. Desde las dos de la tarde hasta las siete estuvimos entrando y saliendo del búnker y a las nueve otra vez”, cuenta. “Al final dormimos allí, pero estuvieron sonando las alarmas toda la noche con lo cual descansar poco y dormir menos”.