Lo que debía ser el final de un viaje soñado se ha convertido en una pesadilla para decenas de malagueños. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán ha desatado un conflicto bélico en Oriente Medio que ha provocado el cierre del espacio aéreo en varios países del Golfo Pérsico, dejando a numerosos viajeros en un limbo de incertidumbre. Entre ellos se encuentra Juan Antonio, su mujer y su hija, quienes forman parte de un grupo de una treintena de personas de Málaga que permanecen atrapados en Dubái a la espera de una solución. La situación se precipitó el pasado sábado, 28 de febrero, una fecha señalada como el día de Andalucía. Justo cuando la familia se disponía a embarcar en su vuelo de regreso a casa, las pantallas del aeropuerto comenzaron a mostrar el temido mensaje. “Comentaron que estaba el vuelo nuestro cancelado. Empezaron cancelaciones parciales primero y ya luego hubo un anuncio general en el que todo el mundo fuera del aeropuerto, porque estaba todo cancelado y espacio aéreo cerrado”, relata Juan Antonio. A partir de ese momento, se desató el caos: “Ahí ya empezó un poco el caos de hablar con las aerolíneas, colas interminables, que te asignaran un hotel y un autobús”. Tras una larga y angustiosa espera en el aeropuerto, la familia fue realojada en un hotel que, según lamenta Juan Antonio, se están costeando ellos mismos. La preocupación ha ido en aumento a medida que la situación en la región se complicaba con los ataques a Bahrein, Catar y los Emiratos Árabes. Las aerolíneas, por su parte, no han hecho más que extender la incertidumbre. “Inicialmente, íbamos a volar el día 1, luego eso se cambió al día 2, y entonces, claro, esto se va retrasando cada vez más”, explica. La tensión es tal que las autoridades locales han recomendado a los ciudadanos no pisar la calle, a no ser que sea para algo estrictamente esencial. Sin embargo, la necesidad de comprar productos básicos ha obligado a Juan Antonio a salir, enfrentándose al peligro. “Fui a por algo de productos básicos para los niños y demás, y justo cuando salí del hotel escuché una explosión. No la vi, porque estaba a mi espalda, pero se escuchó perfectamente”, confiesa. El terror no terminó ahí: “Hace un par de días también salí del hotel para estirar un poco las piernas y demás, vi una columna de humo a 300 metros”. Desde la habitación del hotel, la sensación de inseguridad es constante y palpable. Las detonaciones se han convertido en parte de la rutina, un recordatorio constante del conflicto que se libra en el exterior. Según el testimonio de este malagueño, los efectos de las explosiones se sienten con una fuerza sobrecogedora. “Se escuchan. Cuando ocurren los cristales tiemblan. Dubái es relativamente pequeño, o sea, que se nota, se escuchan”, describe con crudeza. En medio de esta crisis, el apoyo consular parece ser insuficiente. A pesar de haberse registrado en el registro de viajeros del MAEC junto a la mayoría de los afectados, la ayuda se ha limitado a comunicaciones informativas. “Mandan mensajes periódicos de teléfonos de emergencia, dónde acudir y demás, pero aparte de eso, la verdad, poco apoyo. Facilitar hoteles o alojamiento, la verdad es que no, hasta ahora no han proporcionado nada”, denuncia Juan Antonio. La situación de Juan Antonio no es un caso aislado. Otro malagueño, Juan, que se trasladó a trabajar a Doha (Catar) hace unos meses, vive también en un estado de alerta constante. Allí, las autoridades también han recomendado a la población no salir a las calles mientras la tensión persiste. Describe un panorama sonoro marcado por el conflicto: “Periódicamente, pues, se escuchan detonaciones. Son los derribos de los escudos antiaéreos del gobierno interceptando misiles que son lanzados desde Irán”. El objetivo de estos ataques, según explica, es la base americana que hay en suelo catarí. A pesar de la gravedad de la situación, Juan transmite un mensaje de relativa calma, confiando en la efectividad de las defensas locales. “El escudo de defensa del estado qatarí está respondiendo bien y nos sentimos relativamente seguros”, afirma. Sostiene que gracias a ello, “no se están viviendo ni mucho menos escenas de caos y demás. La gente respeta a las autoridades, seguimos las indicaciones y nos sentimos totalmente protegidos”. Las cifras que ofrece respaldan su percepción: en un lapso de dos o tres días, se han repelido más de 200 ataques de misiles sobre territorio de Catar “y, afortunadamente, a día de hoy, pues no se cuentan bajas, no se cuentan grandes incidentes”. Mientras Juan, como residente permanente, capea el temporal en su domicilio, la incertidumbre para los viajeros como Juan Antonio es total, sin una fecha definida para la reapertura del espacio aéreo. La onda expansiva de este conflicto ya ha llegado a España. Aena ha comunicado oficialmente que, debido a la situación en Oriente Medio, se mantiene paralizada la conexión aérea entre España y el Golfo Pérsico. En el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, la situación es de “parálisis técnica”. De los dos vuelos que estaban programados con la región, ninguno ha operado, dejando en tierra a cientos de pasajeros. La incertidumbre ha provocado que la mayoría de las compañías aéreas que operan desde la costa malagueña hayan tomado la drástica decisión de suspender la venta de billetes a la zona. Esta medida, según las primeras informaciones, se mantendrá vigente como mínimo hasta el próximo miércoles. Esta interrupción del tráfico aéreo responde al cierre, por tercer día consecutivo, de los aeropuertos de Dubái y Abu Dhabi, así como los de Doha (Qatar) y Bahréin, sin que haya una previsión clara de cuándo podría normalizarse la situación.