¡Qué bueno que viniste, Guido!

Al buen futbolista se le ve de lejos. Mucho antes incluso de pisar el césped. "Hay que ver las dos partes. Estamos a dos puntos (del descenso), pero para arriba estamos a cuatro. Hay que trabajar para mirar hacia arriba, si ganamos otro partido más se puede mirar hacia arriba". Esta fue, en la enésima crisis de juego y de resultados valencianista, la carta de presentación de Guido en su puesta de largo en Mestalla. Aquel mensaje disruptivo zarandeó la mente del aficionado, anestesiado en los últimos años por la falta de ambición y exigencia mostrada por todos los estamentos del club. Definitivamente, no estábamos ante un tipo cualquiera. Guido Rodríguez (Sáenz Peña, Argentina, 12 de abril de 1994) llegó al Valencia CF tras una importante inversión por parte del club (más de lo que se contó), consciente de la oportunidad que se presentaba en el mercado. El Valencia CF lleva años huérfano de ese perfil, esa demarcación y ese carácter. Su fichaje atentaba contra todas las directrices marcadas desde Singapur: por encima de los 30 años, salario elevado y pagando por liberarlo. Por si fuera poco, firmando un contrato de menos de seis meses. Pero todos (aquí y allí) entendieron la dimensión del jugador que tenían entre manos y Corberán apretó lo suyo para que no dejaran pasar la oportunidad... La etiqueta también ayuda. El día que Guido aterrizó en València, fue reconocido enseguida: "buenos días, campeón del Mundo". Palabras mayores. Solo en seis ocasiones anteriores, el Valencia CF había contratado a un campeón mundial. La última vez, el alemán Shkodran Mustafi; y de aquello ya habían pasado 12 largos inviernos... Ese mensaje también alcanzó el vestuario, consciente del impacto que iba a suponer compartir espacio con un futbolista jerárquico, consagrado y con la ambición intacta. "La realidad la marcan los números, pero la ambición tiene que estar siempre y mirar para arriba. En mi mente trato de ser lo más optimista posible", dijo el argentino en su primer día en la oficina. Guido no vive del recuerdo. Al aura que le precede, lo acompaña dando ejemplo. En su última aparición con el equipo, la segunda consecutiva como titular, el mediocentro argentino fue el jugador del Valencia CF con más distancia recorrida (10.928m), el tercer jugador del partido con más acciones totales (69), el segundo en recuperaciones (7) y el primero con más interrupciones de ataque rival (4). Superado el periodo de adaptación, Guido Rodríguez se ha hecho con los mandos del centro del campo a base de casta y trabajo. Sus coberturas en banda izquierda, destacan en su mapa de calor. Por si fuera poco, el campeón del mundo completó los 90 minutos de juego, algo que no hacía desde el 27 de octubre de 2024: casi 17 meses después... La presencia de Guido en el equipo deja vencedores, también a su alrededor. Juega él, contagia al grupo y se benefician los que lo acompañan. Por ejemplo, Javi Guerra. El centrocampista de Gilet fue el segundo jugador con más distancia recorrida (10.926m), el segundo con mayor volumen de juego del encuentro (73 acciones) y el que más recuperaciones hizo (12). Ya en La Cerámica (primera vez que se juntaron en el once titular) los números dijeron que Guerra había destacado a pesar de la derrota. Ante CA Osasuna, en Mestalla, se volvió a ver una mejor versión de ambos. Si Guerra sonríe con la llegada de Guido, también debemos mirar al damnificado. Pepelu se ha caído del equipo con la entrada del mediocentro argentino. El futbolista de Denia, capitán y uno de los jugadores más importantes en lo que llevamos de curso para Corberán, ha perdido su sitio. De los 22 partidos que ha disputado en Liga, los últimos 17 (hasta La Cerámica) los había hecho como titular. Indiscutible hasta la llegada de Guido, el técnico lo utilizó de mediocentro, de central y hasta de portero. Una situación que, a pesar de las dos suplencias consecutivas, lo mantiene como el tercer jugador más utilizado en Liga con 1.711 minutos; solo superado por Rioja y Copete.