El fenómeno de los retos virales en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube se ha convertido en una de las problemáticas más preocupantes del entorno digital para menores y adolescentes. Para analizar los factores que influyen en estas conductas y ofrecer herramientas a las familias, la psicóloga Eva María Rodríguez Vicente, del Centro de Psicología Vitei en Ferrol, ha explicado las claves de este fenómeno. Según la experta, un reto viral es una dinámica en la que "se propone o se emite una acción para grabar, subir, y luego recibir una respuesta y validación social", que en las redes se traduce en likes y comentarios. El problema no es el formato en sí, sino cuando el contenido es peligroso y la recompensa social impulsa a los jóvenes a "escalar el riesgo". La psicóloga alerta sobre varias categorías preocupantes, como los desafíos que implican riesgos para la salud por falta de aire (hipoxia), la ingesta de sustancias, como el paracetamol en grandes cantidades, o pruebas físicas que pueden provocar lesiones y quemaduras. Aunque el envoltorio cambie, el patrón se repite: "grabar, subir a redes, y el riesgo de la persona que lo hace a cambio de esa validación de los iguales". La adolescencia es una etapa donde la presión de grupo y la necesidad de recompensa social son especialmente fuertes. Esta búsqueda de pertenencia, combinada con un cerebro que aún no está del todo desarrollado, dificulta que los jóvenes puedan "anticipar el peligro que muchas veces tienen estas conductas o llevar a cabo el autocontrol que se necesita", explica la psicóloga. Estas variables pueden llevarlos a tomar decisiones erróneas. Para las familias, existen señales de alerta que pueden indicar que algo no va bien. La psicóloga recomienda prestar atención a cambios bruscos de conducta, la aparición de lesiones inexplicables, la desaparición de productos o medicamentos en casa y, sobre todo, el deterioro funcional, como un aumento de la irritabilidad o un empeoramiento del comportamiento general a largo plazo. La comunicación abierta es la base para construir una relación de confianza. Se aconseja a los padres "reservar unos minutos a la semana para preocuparse de forma genuina" por lo que sus hijos ven y hacen en Internet. Aunque se está tramitando una ley para prohibir las redes sociales a menores, la experta subraya que la solución más efectiva es la que combina límites claros con "mediación activa", es decir, "acompañar, enseñar criterio, debatir e interesarnos sin juzgar". La educación digital es una tarea compartida que no solo implica a los jóvenes, sino también a los adultos, ya sean padres o educadores. Es fundamental formarse en temas como el funcionamiento de los algoritmos, la privacidad, la verificación de fuentes, la educación emocional para gestionar la autoestima y la pertenencia al grupo sin riesgos, y saber a qué protocolos acudir en caso de necesidad. Si un menor ya ha participado en un reto peligroso, lo primero es atender su salud y ponerlo a salvo. Una vez pasada la urgencia, es crucial "hablar desde la calma, entender, no humillar, no insultar, ver qué hay detrás". La psicóloga concluye que no se debe castigar o prohibir sin más, sino comprender la necesidad que llevó al joven a ese comportamiento y, si la situación supera a la familia, "buscar ayuda que nos puedan acompañar, reconducir o dar pautas".