“Bienvenidos a la era agéntica”. Con esa expresión, directivos de Huawei en el marco de Mobile World Congress 2026 resumen el momento que atraviesa la inteligencia artificial: ya no es solo una herramienta de apoyo, sino un sistema capaz de ejecutar tareas, coordinar procesos y, cada vez más, tomar decisiones. De hecho, muy llamativo ha sido uno de los proyectos que Huawei ha presentado: el de un colegio en Hong Kong donde la inteligencia artificial es un actor más dentro de las clases. La relación tradicional de profesor y alumno ha pasado a mejor vida. Ahora, hay profesores, niños y la inteligencia artificial para impulsar el desarrollo "de los futuros líderes del mundo". Nicholas Ma, vicepresidente corporativo de la compañía, lo explicaba con claridad: “La IA evoluciona rápido. Estamos pasando de proyectos piloto a modelos de gran escalada”. La referencia no es menor. Según previsiones de Gartner —citadas durante el encuentro—, en 2028 cerca del 15% de las decisiones empresariales podrían estar tomadas directamente por agentes de inteligencia artificial. No hablamos de automatizar correos, sino de rediseñar estructuras productivas. La velocidad del cambio industrial es uno de los grandes mensajes que lanza Huawei. Desde la sanidad hasta las finanzas, el impacto es transversal. Pero el ejecutivo también señalaba un reto estructural que frena a muchas organizaciones: “Los datos todavía se quedan en departamentos estanco y no fluyen dentro de la empresa”. Sin datos integrados, no hay IA eficiente. De minas inteligentes a universidades conectadas La compañía presentó más de 115 casos reales desarrollados junto a partners en todo el mundo. Entre ellos, el de Huaneng, donde se han desplegado camiones autónomos gestionados por IA en entornos mineros de alto riesgo, mejorando la seguridad y reduciendo accidentes laborales. En la industria pesada, además, los fabricantes están utilizando gemelos digitales para “probar accidentes” antes de que ocurran en el mundo físico: simulaciones avanzadas que permiten anticipar fallos y optimizar procesos. En Europa, una universidad alemana trabaja con Huawei en el desarrollo de una plataforma de investigación científica basada en inteligencia artificial, diseñada para acelerar descubrimientos y facilitar la colaboración interdisciplinar. En Malasia, el foco está en el talento: más de 1.000 profesionales especializados en IA serán formados en los próximos años, reforzando un ecosistema tecnológico emergente. También desde el sector energético llegan mensajes contundentes. Mr. Len de Villiers, Chief Technology Officer de Eskom Group, explicaba que en su compañía —con 50.000 empleados y más de un siglo de historia— “todo el mundo habla de IA”. El desafío no es solo tecnológico, sino cultural: cómo seguir creciendo en una organización tradicional incorporando modelos predictivos, mantenimiento inteligente y optimización de redes eléctricas. El laboratorio más ambicioso: la escuela Sin embargo, lo más disruptivo no está en la mina ni en la fábrica, sino en el aula. En Hong Kong, el Principal Ng Wun-Kit, de Pui Ki Middle School, describe la inteligencia artificial como “el sistema operativo de nuestra escuela”. La metáfora no es casual. El modelo educativo que impulsa integra la IA en cuatro pilares estratégicos: Planes de estudio de inteligencia artificial en todos los niveles educativos, IA como potenciador individual del aprendizaje, entornos seguros de acceso y uso responsable, proyección global para exportar estas prácticas. “La IA es necesaria para formar a la próxima generación de líderes”, sostiene Ng. Pero insiste en un matiz: no se trata solo de producir ingenieros, sino de formar “buenos seres humanos”. Por eso el currículo incorpora ética de la IA y pensamiento crítico, con el objetivo de que los estudiantes no sean consumidores pasivos de tecnología. El paradigma cambia radicalmente. Durante décadas, la educación se estructuró como una relación binaria profesor-alumno. Ahora se habla de una tríada: profesor, alumno e inteligencia artificial. De “fábricas de conocimiento” a “incubadoras de innovación”. Las competencias también se redefinen. Se potencian superpoderes interdisciplinarios —robótica, artes digitales, programación—, visión global sin perder identidad cultural y entrenamiento en análisis crítico. Todo ello en un entorno donde los estudiantes pueden practicar en cualquier lugar gracias a plataformas conectadas. Un modelo no exento de desafíos El propio centro reconoce los obstáculos: cerrar la brecha digital en IA, aliviar la carga de trabajo del profesorado —heredada de sistemas tradicionales— y modernizar infraestructuras tecnológicas. Pero el objetivo es claro: “Despertar la chispa de la innovación en los niños”. Mientras tanto, en el comercio minorista, la IA también redefine la experiencia. Hoy-Jin Lee, desde Solum, presentaba etiquetas electrónicas inteligentes que actúan como motor de transformación en tiendas físicas: precios dinámicos, gestión de inventario en tiempo real y análisis de comportamiento del consumidor. ¿Y el pequeño comercio? Según Huawei, la clave está en construir una infraestructura global accesible que democratice estas soluciones. China acelera, Occidente debate La diferencia estratégica es evidente. En muchos países occidentales la IA se aborda desde la regulación y la prudencia. En China, el despliegue se integra como política industrial y educativa a gran escala. La pregunta no es si la inteligencia artificial transformará la economía y la educación. Eso ya está ocurriendo. La cuestión es quién marcará el ritmo y con qué modelo: uno centrado en la experimentación fragmentada o uno que la convierta en sistema operativo nacional. En plena era agéntica, la carrera no se libra solo en los centros de datos, sino en las aulas. Y ahí, la ventaja puede empezar mucho antes de que los futuros líderes lleguen al mercado laboral.