El derribo no es la única opción para el 'Edificio de los Falleros' de Valencia

El futuro del ‘Edificio de los Falleros’, un singular bloque de diez plantas en el corazón del Barrio del Carmen de Valencia, se encuentra en vilo. Un Plan de Actuación Integrada (PAI) amenaza con su demolición, afectando a las 30 familias que residen en él. Miquel Serrano Borrego, uno de los vecinos afectados, ha explicado la situación en el programa ‘Mediodía COPE Valencia’, donde ha defendido que existen alternativas al derribo. La historia del inmueble, ubicado en la confluencia de las calles Giria y Na Jordana, está ligada a la gran riada de Valencia de 1957. Según ha relatado Miquel Serrano, varias ramas de su familia perdieron sus hogares en la Plaza del Carmen. Para no abandonar el barrio, se unieron a otros vecinos y, con el apoyo de la parroquia de la Santísima Cruz, formaron una cooperativa para construir un nuevo hogar. El edificio se levantó en 1961 en el solar de un antiguo lavadero público. Su notable altura de diez plantas, acorde con el plan urbanístico de la época, buscaba también ofrecer más viviendas a los cooperativistas y alejarlas de posibles inundaciones. Su nombre popular se debe a que "personas muy significativas de la falla Na Jordana estuvieron involucrados en esta cooperativa", explica Serrano. Con el cambio de normativa urbanística en los años 90, concretamente con el PEPFI de 1991, el edificio quedó fuera de ordenación, como un hito urbano por su diferencia de altura con el entorno. Ahora, un PAI puesto en marcha hace dos años por una agrupación de interés urbanístico, liderada por Francisco Rosas, contempla el derrumbe de este edificio donde habitan familias desde hace generaciones. "Mi hija es la quinta generación que vive aquí", ha lamentado Serrano. El proyecto planea construir en la zona tres edificios de cinco alturas con un jardín privativo interior, mientras que el solar que ocupa actualmente el 'Edificio de los Falleros' se destinaría simplemente a pavimentar la zona. Por ello, los vecinos sostienen que la demolición no es necesaria. "Nuestro edificio es totalmente compatible con la idea que se tiene en el PAI", ha afirmado Miquel Serrano. Serrano ha señalado que han consultado con la escuela de arquitectura y diversos foros profesionales, donde se promueve una tendencia a nivel europeo que busca no derrumbar, sino adaptar. Su propuesta es clara: remodelar y adecuar el edificio a la nueva estética del entorno. Defiende que se debe priorizar la vida de las personas por encima de otros intereses. El residente ha querido subrayar la paradoja de la situación, ya que su edificio se encuentra "al 100 por 100 operativo", mientras que las naves industriales abandonadas y en ruinas que lo rodean, y que el PAI pretende renovar, están totalmente destrozadas. Además, ha destacado el componente humano: "Parte de mis vecinos aún continúan siendo los mismos que formaron esa cooperativa". Tras dos años de incertidumbre, los vecinos todavía no tienen ninguna certeza sobre su futuro. Miquel Serrano ha mencionado que el concejal Juan Giner habló de una posible reubicación de los vecinos, pero sin ofrecer detalles concretos sobre las condiciones. Esta falta de información mantiene a las 30 familias en un estado de desasosiego constante. Lo único que les llega son "habladurías", como una posible indemnización de 60.000 o 70.000 euros por piso, la opción de comprar una nueva vivienda por 300.000 euros o un alquiler solidario. Serrano califica todas las opciones como una "desgracia" que, en la práctica, supone una expulsión forzosa del barrio que les ha visto crecer.