La situación de la vivienda, con poca oferta y mucha demanda, provoca que el mercado esté muy tensionado y los precios, tanto para vivir de alquiler como para comprar, sean casi inasumibles para la mayoría. En los últimos meses, 155.000 valencianos han visto cómo ha subido su cuota mensual de alquiler. De media, 223 euros al mes, casi 2.700 euros más al año. Una auténtica barbaridad. Los datos están ahí. Y detrás de esas cifras, ponemos nombre y voz a los números. Tener un trabajo estable como personal sanitario no es garantía para poder acceder a una vivienda de alquiler en Valencia. Este es el caso de María y Carol, dos enfermeras de 33 años del Hospital Clínico que han contado su situación en el programa 'Mediodía COPE MÁS Valencia' con Carles Villeta. A pesar de tener un sueldo fijo, ambas se han enfrentado a enormes dificultades que finalmente las han empujado a comprar una vivienda como única solución. María lleva 5 años viviendo en el mismo piso en Valencia y cuando se le acabó el contrato, y mediante un burofax, le notificó que el precio de. "Yo le dije que no me lo podía permitir", afirma. Pese a vivir en la capital desde hace una década, es de Cuenca. Se planteó, incluso, volver a casa de sus padres y dejar su vida aquí. Pero también se vio en la calle. María ya llevaba un año buscando una casa para comprar, anticipando los problemas del mercado del alquiler. "Me salía mejor intentar comprarme un piso y pagar una hipoteca que pagar un alquiler", explica. Aunque encontró una vivienda y entregó la señal, problemas burocráticos con la herencia retrasaron la operación. Su casero solo le concedió un mes más con el precio antiguo, obligándola a afrontar el pago simultáneo de la hipoteca, el alquiler y una reforma, ya que la casa comprada no estaba habitable. El caso de Carol es similar. Ella y su marido recibieron también un burofax cuatro meses antes de finalizar el contrato, anunciándoles que debían abandonar la vivienda porque el propietario la necesitaba para su hijo. Al iniciar la búsqueda de un nuevo alquiler, se encontraron con precios de entre 1.200 y 1.500 euros y la exigencia de hasta tres meses de fianza. "Es que es una barbaridad", lamenta Carol. La situación se volvía insostenible y, al igual que María, la única alternativa fue comprar, un paso que no habrían dado de no ser por la presión del mercado. "Nunca había pensado lo de comprarme una casa, no era algo que necesitara ya", confiesa María, a lo que Carol añade que se han visto "empujadas" a ello. Ambas han necesitado la ayuda económica de sus padres para poder afrontar la compra. "Sin ese apoyo familiar, esto no hubiera sido posible", sentencian. Ambas sanitarias coinciden en que la proliferación de los alquileres turísticos está afectando gravemente al mercado. "Muchos pisos que yo he ido a ver, delante de mí, los han comprado fondos de inversión o gente que era para poner un Airbnb", relata María. Describe cómo los compradores particulares que necesitan una hipoteca son descartados frente a quienes llegan "con dinero". La pregunta más repetida que le hacían era: "Pero, ¿tú tienes que pedir hipoteca?" La alta demanda provoca situaciones límite. María recuerda haberse encontrado con colas para visitar una vivienda. "En la puerta me han llegado a decir: 'no te la enseño porque ya está vendida', o hacer cola para ver esa casa, tener a cinco personas delante", explica. Su propia casa la compró tras verla solo cinco minutos por miedo a perderla. Finalmente, las dos enfermeras lanzan un mensaje a los políticos para que tomen "medidas reales y efectivas". Advierten de que el problema es cada vez mayor: "Que tienen que hacer algo ya, porque esto va a ser insostenible, la gente no se va a poder independizar, no va a poder tener una familia, no va a poder hacer nada. Esto se va a convertir en un problema enorme".