Europa y Telefónica impulsan una gran plataforma digital común para ganar autonomía tecnológica

Europa quiere reducir su dependencia tecnológica del exterior y reforzar su autonomía digital. Con ese objetivo, la Comisión Europea y un consorcio de más de 70 empresas y entidades europeas liderado por Telefónica han presentado, dentro del marco del Mobile World Congress (MWC) de Barcelona, el proyecto EURO-3C , una iniciativa que busca crear una gran plataforma digital común para toda la Unión Europea. El proyecto está financiado con 75 millones de euros procedentes del programa Horizonte Europa. Pretende integrar centros de datos , redes de telecomunicaciones y nodos de computación avanzada situados cerca del usuario -lo que se conoce como 'edge'- bajo un mismo marco técnico y normativo. La idea central es apostar por la federación en lugar de construir una nube europea desde cero, algo que tendría el fracaso garantizado. «El proyecto EURO-3C, financiado por la UE, federará los esfuerzos de un amplio número de actores europeos en torno a un objetivo común: construir un ecosistema de comunicaciones convergentes, seguro y soberano, en beneficio de los sectores industriales y de la sociedad en su conjunto», ha señalado durante la presentación del plan, en Barcelona, Renate Nikolay, directora general adjunta de la Comisión Europea. Mientras tanto, Juan Montero, jefe de políticas públicas de Telefónica, ha añadido que «el sector de las telecomunicaciones es un actor clave» y que EURO-3C es «una red informática cooperativa a escala europea que aúne las capacidades de las empresas de telecomunicaciones, la conectividad, el Edge y la nube, todo ello mejorado con IA». El anuncio de la nueva plataforma ha venido acompañado por una mesa redonda en la que Marc Murtra , CEO de Telefónica, acompañado por sus homólogos Tim Höttges (Deutsche Telekom) y Jean François Fallacher (Eutelsat), ha puesto cifras y contexto al problema que EURO-3C intenta resolver. Y el diagnóstico ha sido preocupante. Höttges ha abierto con el dato más revelador de la sesión, la inversión en telecomunicaciones en Europa ha caído un 2% mientras la regulación no ha dejado de crecer. El resultado es predecible. «Todo en Estados Unidos está funcionando mejor que en Europa en digitalización. No entiendo por qué Europa no copia la regulación americana con menos jugadores, regulación y apoyo total del gobierno», ha remarcado. Murtra, mientras tanto, ha insistido en el mismo diagnóstico desde otro ángulo. El del avance de la inteligencia artificial y las trabas que la tecnología del momento está encontrando en Europa a causa de la regulación: «No he visto tanto cambio en tecnología en los últimos 30 años. Con la IA, en tres meses ha cambiado todo, pero la regulación es la misma que hace un año». Murtra también ha destacado que Europa tiene el mercado más grande del mundo en número de consumidores, pero está fragmentado en decenas de operadores nacionales que no pueden competir con los gigantes de Estados Unidos o China. «Necesitamos empresas más grandes, porque necesitamos inversiones más grandes», ha expresado. A su vez, ha lamentado que la regulación europea antimonopolio haga prácticamente imposible conseguir que las empresas europeas sean capaces de plantar cara a la tecnología de fuera. Para poder cambiar la situación, el ejecutivo ha hecho un llamamiento a adaptar las normas de fusiones y adquisiciones. A este respecto, Höttges ha destacado cinco elementos que Europa necesita controlar para garantizar su soberanía: la automatización en la producción, los datos, el procesamiento, la IA y la conectividad. Todo ello con la robótica como capa transversal. Murtra ha añadido otra dimensión, y es que hay productos que son difíciles de replicar desde fuera porque dependen del contexto local. La ciberseguridad es uno. Los servicios de mensajería propios, como los que existen en Rusia, son otro. Los algoritmos de redes sociales, otro más. Y la IA aplicada a sectores industriales europeos puede ser el territorio donde el continente tenga una ventaja real que otros no pueden copiar fácilmente. Fallacher ha aportado la perspectiva del satélite. Europa debería liderar en las capas bajas de conectividad, con constelaciones propias, en lugar de depender de operadores extranjeros para la cobertura de zonas remotas, como ocurre ahora con el Starlink de Elon Musk. La intervención más memorable de la sesión ha llegado de la mano de Höttges quien ha hecho referencia a una anécdota con Angela Merkel. La excanciller alemán le contó cómo pensaba que durante la Guerra Fría estaba en el lado bueno del muro de Berlín. Hasta que se dio cuenta de que no era así. «Nunca sabes si estás en el lado bueno de la historia. Hay que aprender del mejor y no volverse dependiente», ha zanjado. Los tes ejecutivos han querido dejar claro que Europa puede creer, y que EURO-3C es un paso en la dirección correcta. Pero los mismos ejecutivos que apoyan el proyecto alertan de que sin desregulación, sin escala y sin velocidad de adaptación institucional, los proyectos como este seguirán siendo la excepción en un ecosistema que va perdiendo terreno. La pregunta no es si Europa quiere soberanía tecnológica; es si las instituciones europeas están dispuestas a hacer los cambios que sus propias empresas piden para conseguirla.