Dos cordobeses, ajenos a la tensión en Oriente Medio desde Arabia Saudí: “La sensación aquí es de tranquilidad absoluta”

Juan, residente en Riad desde hace cuatro años, y Pedro, desplazado por trabajo para cubrir un partido de la liga, relatan que, pese a los ataques en la región y el cierre de aeropuertos como Dubái o Doha, en la capital saudí la vida continúa con normalidad, en pleno Ramadán Mientras la tensión crece en Oriente Medio tras los últimos intercambios de ataques en la región del Golfo, dos cordobeses que se encuentran en Arabia Saudí aseguran que, al menos en su entorno más cercano, la calma es la tónica dominante. “La sensación aquí es de peligro menos cero”, resumen tanto Juan como Pedro desde Riad, la capital saudí, y que, según medios internacionales, habría sido objeto de ataques este pasado domingo. El más grave, un ataque con drones, ha hecho que el gigante petrolero estatal Aramco haya detenido las operaciones de la refinería más grande de Arabia Saudí, situada en Ras Tanura, en la costa del Golfo Pérsico, según han trasladado fuentes cercanas a medios internacionales como Bloomberg . Sin embargo, lejos de allí, en la capital del país saudí, se vive una especie de calma total. Lo cuenta Juan, que lleva cuatro años viviendo allí. Cuando estalló la última escalada, el pasado domingo, se encontraba viajando en avión. “El aeropuerto de Riad estaba aparentemente funcionando bien. No había ninguna sensación de caos”, explica. Sí reconoce que aeropuertos como los de Dubai o Doha han sufrido interrupciones y que algunos conocidos han tenido problemas para volar, pero insiste en que, en su día a día, hoy lunes, no percibe inquietud. Desde su vivienda, con vistas a la Biblioteca Pública Nacional Rey Fahd, describe una escena de absoluta normalidad. “Ahora mismo la gente está trabajando con normalidad. Yo voy a ir a arreglar el teléfono y desde luego, no hay sensación de miedo”, relata. Aunque se han difundido informaciones sobre posibles ataques a infraestructuras en la región oriental del país, especialmente en zonas como Dammam o Al Khobar, más próximas al Golfo Pérsico, Juan subraya que en Riad no hay confirmación oficial ni cambios visibles en la rutina. “Estamos lejos de la frontera. Aquí, por el momento, cero sensación de nada”, insiste este realizador y cámara, que ha ejercido, además, el video-periodismo -concretamente, durante la Primavera Árabe-. También contextualiza la vida cotidiana en el país, marcada actualmente por el Ramadán, periodo en el que la actividad se concentra por la noche y durante el día muchas zonas quedan prácticamente inoperativas. “Es una sociedad muy tranquila, muy acogedora, que está cambiando muy rápido, pero desde una base cultural muy marcada”, explica, desmontando algunos estereotipos que, según él, persisten en Europa sobre Arabia Saudí. Pedro lleva dos años largos en el país saudí. Al igual que Juan, trabaja en una productora que graba partidos de la Saudi Pro League (la Liga Profesional de Fútbol de Arabia Saudí). Y, como era fin de semana, se encontraba de viaje para cubrir un partido cuando comenzaron a llegar las primeras noticias. “Íbamos en el coche y empezamos a leer lo que estaba pasando en el Golfo. Había mucha información falsa, supuestas explosiones en bases que rapidamente nos dijeron que no eran ciertas”, cuenta. En su caso, ha percibido más preocupación fuera que dentro. “Mi madre y mi padre me han dicho, lógicamente, que si pasa cualquier cosa, cogiéramos la maleta y nos fuéramos”, señala. Sin embargo, asegura que la vivencia sobre el terreno dista mucho de la alarma que puede percibirse desde fuera. “Nosotros estamos tranquilos. La liga continúa, la actividad sigue”, afirma. Aunque admite que mantienen la vista puesta en la evolución de los acontecimientos, insiste en que no han alterado su rutina. Entre compañeros incluso bromean para rebajar la tensión. Captura de video donde se observa un bombardeo este lunes, en Beirut (Líbano). Una ofensiva que sacude la región Ambos coinciden en que, pese a la inestabilidad regional y a los históricos enfrentamientos entre potencias como Arabia Saudí -con mayoría suní (85-90%) y wahabita- e Irán -con mayoría chií (90-95%)-, la realidad que viven en la capital saudí es de normalidad. “La tranquilidad es absoluta”, concluyen ambos, que siguen con atención las noticias e incluso han descubierto una aplicación que monitoriza en tiempo real la crisis y que comprueba la veracidad de las primeras imágenes falsas de ataques de Irán a hoteles de la capital saudí que han comenzado a circular por las redes. La empresa para la que trabajan, eso sí, ha enviado un comunicado a los trabajadores, a los que les indica que “la situación dentro del Reino de Arabia Saudí sigue siendo estable y normal”. “La vida y las operaciones comerciales continúan sin interrupciones. No hay restricciones de viaje, toques de queda ni cambios operativos que afecten a nuestro trabajo (...). Nuestras operaciones continúan con normalidad. Si se emitiera alguna directriz oficial que afectara a las actividades comerciales, se comunicaría de inmediato a través de los canales de la empresa”, dice el comunicado. El pasado sábado, fuerzas de Estados Unidos y Israel lanzaron un ataque conjunto contra objetivos en Irán y los bombardeos alcanzaron instalaciones militares y políticas clave dentro de Irán, incluidos centros de mando y liderazgo del régimen iraní, en medio de sirenas de alarma que sonaron en ciudades como Teherán y otros puntos estratégicos de ese país. Tras los bombardeos, Irán lanzó durante el domingo una serie de misiles y drones en represalia, atacando no solo objetivos en Israel y bases estadounidenses en países del Golfo, sino también dirigidos hacia infraestructuras clave en la región. Así, según agencias internacionales, varios países del Golfo —como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Arabia Saudí, Israel, Omán y Baréin— han enfrentado ataques con misiles y drones en los que se contabilizan muertos y decenas de heridos, tanto en bases militares como zonas urbanas, además de impactos materiales en aeropuertos y puertos. El conflicto ha obligado al cierre del espacio aéreo en varios países del Golfo, lo que ha interrumpido miles de vuelos y generado un efecto dominó en el tráfico internacional.