Luis Requena, de 35 años y de origen venezolano, habla con crudeza de las dificultades del día a día en la gestión de los dos negocios que regenta desde hace tres años: un restaurante y una cafetería-pastelería en la zona de Lesaka. “Ya he tenido un mal trago con Hacienda y con la Seguridad Social que casi me lleva a la quiebra. Por un error administrativo me han sancionado y son multas desorbitadas. A los autónomos nos ven como un número, no como una persona que también necesita vivir”, relata.