Hay secretos oficiales que se remontan a Don Pelayo, pero en general habrá que convenir que 45 años es tiempo más que suficiente para suprimir cualquier documento inapropiado de un archivo de secretos oficiales, por lo que no hay ningún problema en desclasificarlo. Prueba de ello es que hace una semana desde la desclasificación de los secretos del golpe de Estado militar del 23-F de 1981 y, que sepamos, no ha sucedido nada digno de mención, ninguna alteración del orden. Salvo quizá la muerte inmediata del teniente coronel Tejero que protagonizó la asonada, quizá al verse descubierto a estas alturas, y naturalmente la tremenda algarabía que montó el PP, muy enojado y convencido de que estas revelaciones, como de costumbre, son una cortina de humo del Gobierno para ocultar sus tropelías. El señor Feióo, con el rostro contraído por la ira y un punto de locura en la mirada, incluso comparó en el Congreso al presidente Sánchez con un golpe de Estado en sí mismo, y le aseguró berreando que cuando él gobierne no pasarán 45 años, ni 45 días, para que todos sepan lo que ha hecho. ¡Lo que ha hecho! Tremendo, sin duda, mucho más grave que aquel golpe de Estado militar. No esperábamos menos del moderado señor Feijóo, pero por lo demás, esta asombrosamente tardía revelación de vetustos secretos oficiales no ha provocado ni un parpadeo en la placidez política de la patria. Muchos opinan que incluso el rey (emérito) sale muy reforzado en su gesta histórica de salvar a España de las huestes franquistas, hoy por cierto renacidas. Otros deslizan que para eso no hacía falta esperar 45 años, y ya de paso se preguntan por qué ningún Gobierno de la democracia se ha atrevido todavía a cambiar la ley en vigor de secretos oficiales del franquismo, y mantienen la reforma en un cajón. Desclasifican el 23-F, pero ni un centímetro más. Y también habrá quien diga (yo, por ejemplo) que los secretos oficiales, por su propia naturaleza secreta y oficial, siguen siendo secretos aunque se desclasifiquen, se divulguen y se entere hasta el gato. Doblemente secretos, tal vez, pues oficialmente ya no queda nada más que desvelar. Ah, los viejos secretos. Desvelarlos los eterniza. Pero todo esto no es importante. Lo importante hoy es que días después y tras la algarabía, aquí no ha pasado nada.