El arbitraje en las venas

Mauricio Martínez, padre de Alejandro, Pablo y Adriana, trabaja en una entidad bancaria en Palma, pero su gran pasión es el fútbol. Se sacó el carnet de entrenador hace 30 años y también arbitró varios años en Navarra, su tierra de origen. En Mallorca ha dirigido a Son Sardina, La Unión y San Cayetano y lleva tres años en la Penya Arrabal. Todo empezó cuando Alejandro, el hijo mayor, arbitró un partid entre padres e hijos y luego sus hermanos han seguido sus pasos. «Nos gusta que estén en este mundo y les animamos por varias razones: por el deporte que hacen porque tienen que superar unas prueba, arbitrar les da una disciplina, además hacen amigos del mundo del arbitraje y han formado un grupo muy sano de una docena de colegiados. Luego está el tema económico, importante para darse cuenta de lo que supone ganar el dinero y, lo más importante se están forjando una personalidad más fuerte al enfrentarse a un ambiente hostil como suele ser el del árbitro y así están preparados para el mundo», explica Mauricio. Ésta es la historia de sus tres hijos contada por ellos mismos.