Shah Alam

No hubo piedad para Nurul Amin Shah Alam, que llegó a EEUU en diciembre de 2024 como refugiado, huyendo del genocidio contra la minoría rohinyá en Myanmar (Birmania). Como otros muchos, entró en un país donde creía haber encontrado una vida digna y segura. Sin embargo, todo se torció de muy mala manera cuando fue detenido por agentes de inmigración estadounidenses a finales del pasado año. Tras comprobar que no podía ser objeto de deportación, fue liberado a unos ocho kilómetros de su domicilio sin tener en cuenta que no hablaba inglés y que padecía ceguera, de hecho utilizaba una barra como bastón para orientarse. Para los funcionarios de inmigración que abandonaron a su suerte a este hombre rohinyá, el hecho de que el mercurio no llegara al cero durante días en la ciudad tampoco fue inconveniente para deshacerse de él. Shah no llegó a su casa, y unos días después su cadáver fue encontrado en la ciudad de Buffalo.