Esta vez, a diferencia de lo sucedido tras la detención del expresidente venezolano Nicolás Maduro, no hubo paños calientes. El Kremlin y sus voceros criticaron con gran agresividad verbal los bombardeos de EEUU e Israel contra objetivos en Irán, una belicosidad que, eso sí, en ningún momento se tradujo en consecuencia práctica alguna: las autoridades militares rusas, no solo no proporcionaron medios de defensa a su aliado en apuros, sino que, a decir de analistas militares ucranianos, incluso rechazaron sus demandas de colaboración para "cegar" a los aviones israelíes que atacaban su país. La muerte violenta del líder supremo de Irán Alí Jamenei ha hecho revivir traumas pasados al presidente ruso Vladímir Putin de un final similar, traumas que ya aparecieron en su día con el linchamiento de Muamar Gadafi en 2011 por una turba.