En un sistema de salud como el peruano, con escasos recursos y enormes brechas de oferta y acceso, priorizar intervenciones es una obligación. El problema es que decidir esto en el sector salud hoy es más complejo que nunca, porque el desarrollo de la medicina avanza más rápido que la capacidad de los sistemas para financiar nuevas tecnologías. Además, la oferta de terapias innovadoras –especialmente en cáncer y enfermedades raras– genera presión clínica, política y social; y ante la falta de reglas claras, las decisiones técnicas terminan siendo desplazadas por la presión mediática o la vía judicial.