A pocos kilómetros de la capital de España tiene lugar una de las celebraciones más sobrias y espectaculares de Castilla-La Mancha Ruta por las cinco villas de Burgos candidatas a ser el pueblo más bonito del mes de Marzo En solo tres semanas, este próximo 27 de marzo, da comienzo la Semana Santa de Ocaña, el momento más esperado en Toledo. Durante esos días, la localidad se detiene para dar paso a una tradición que se vive con los cinco sentidos. Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, Ocaña se convierte en un escenario vivo. Y las diez cofradías de la villa sacan a la calle auténticas obras de arte que se remontan a los siglos XVI y XVII. Al llegar la noche, lo único que rompe el silencio de sus habitantes en el ambiente es el rítmico golpe de los báculos en el suelo, acompañando el eco de las cornetas. Es el inicio perfecto para el Domingo de Resurrección, con el Encuentro poniendo fin a una semana intensa y cargada de simbolismo. La villa de Ocaña ha dejado huella en la historia de España gracias a su legado patrimonial civil y religioso. Declarada Conjunto Histórico Monumental, su importancia no es reciente: fue sede de la Orden de Santiago y escenario de cortes reales. Esta combinación histórica es la que da cuerpo a su Semana Santa, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Uno de los momentos más emblemáticos tiene lugar el Viernes Santo por la mañana, durante la conocida Procesión de las Caídas. Destaca por su carácter teatral y la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, articulada, simulando la caída de cristo en el camino del Calvario. A su alrededor lo acompañan desfilando otras imágenes con movimiento. Este acto, cargado de simbolismo, se ha consolidado como uno de los grandes eventos de la Semana Santa toledana, atrayendo a una multitud de personas que buscan vivir la pasión por la religión de estas fiestas. La plaza, el teatro o la ruta de los conventos Una visita a esta población toledana no puede estar completa sin pasar por su Plaza Mayor, de traza barroca y junto al Ayuntamiento, también de estilo barroco y que comenzó a construirse en 1777. Este espacio monumental se convierte en el epicentro de su Semana Santa y regala una imagen impactante a todo el que la visita. No es para menos, pues esta conmemoración religiosa guarda una tradición de más de cuatro siglos de historia, regalando año tras año momentos emblemáticos como la procesión del Silencio. Sin embargo, el patrimonio de Ocaña va mucho más allá de su plaza. Si queremos sumergirnos para vivir esta festividad, no pueden faltar estos lugares: La Fuente Grande: declarada Monumento Histórico-Artístico, es una joya de la ingeniería civil construida a finales del siglo XVI. Atribuida a Juan de Herrera, destaca por su estilo herreriano y su estructura de sillería con veinte pilastras toscanas, siendo un símbolo del manejo del agua en la meseta. Palacio de los Cárdenas: se trata de un espléndido edificio de transición donde se fusionan elementos del gótico tardío y el mudéjar bajo una concepción renacentista. Su joya interior es el patio central de dobles galerías, que refleja la importancia nobiliaria de la villa. Interior del Palacio de los Cárdenas Convento de Santo Domingo de Guzmán: es una parada obligatoria para los amantes del arte sacro. Este templo destaca por su planta de cruz latina con una sola nave de gran amplitud, cubierta por bóvedas de crucería. En su interior se puede admirar su coro, su retablo y su belén permanente. Además, su iglesia está cubierta de impresionantes pinturas murales de finales del siglo XIX y cuenta con un claustro de hermosa factura. Teatro Lope de Vega: ubicado en el antiguo Colegio de la Compañía de Jesús, este edificio es hoy epicentro cultural de la localidad. Muy cerca de sus muros se encuentra el Rollo Jurisdiccional, un monumento de piedra que simboliza la justicia y la historia civil de Ocaña. Iglesias de Santa María de la Asunción y San Juan Bautista: estos dos templos guardan tallas de incalculable valor artístico. Imágenes que cobran vida durante las procesiones, siendo San Juan Bautista un ejemplo del estilo renacentista que define el perfil de la localidad junto a la Torre de San Martín. Ruta de los Conventos: estos espacios de clausura mantienen vivo el estilo barroco castellano. Destacan el de San José (Carmelitas Descalzas), el de Santa Catalina de Sena (Dominicas) y el de las Clarisas. Son guardianes no solo de la fe, sino de la tradición artesana de los famosos tornos conventuales. Turismo monumental y gastronómico Pero no todo es procesión. Ocaña es mucho más que la vivencia de este evento religioso. La tradición también se vive a través de su turismo monumental y gastronómico, una faceta que merece la pena explorar a fondo. Quienes visiten esta localidad pueden saborear en los conventos dulces artesanales o disfrutar en las mesas locales con los famosos hornazos. Pero si tenemos que hablar de platos clásicos que no pueden faltar en tu visita por Ocaña, el más destacado es el bacalao, pieza clave de la Cuaresma, ya sea rebozado o en el tradicional potaje. Tampoco se quedan atrás las migas manchegas, con su característico toque de ajo y pimentón, o la perdiz estofada, el emblema local que representa el sabor más puro de los campos de Toledo. Para completar la experiencia, no dejes de probar las carcamusas toledanas (un guiso de magro de cerdo con tomate y guisantes servido en cazuela de barro). No podemos olvidarnos de los dulces típicos. En los tornos de los conventos de la villa se siguen custodiando tesoros artesanales, es necesario probar las torrijas bañadas en miel y los pestiños crujientes, que conviven con el famoso mazapán de la zona, cuya textura y calidad mantienen viva la herencia artesana que ha dado fama mundial a la provincia de Toledo. Todo esto no es solo comida, es parte del patrimonio cultural que hace de Ocaña un destino único.