En un momento de máxima tensión en Oriente Medio, con la comunidad internacional conteniendo la respiración ante la escalada bélica entre Irán y la alianza de Israel y Estados Unidos, las reacciones a este escenario se siguen sucediendo.Hoy, en Herrera en COPE Tenerife, hemos escuchado la voz de Alireza Mirhosseini, un ciudadano iraní residente en Tenerife desde hace cuatro años, que ha expresado su apoyo a la ofensiva militar contra su país. Su testimonio ofrece una perspectiva cruda y desesperada desde dentro de la diáspora iraní, que anhela un cambio de régimen y el fin de la dictadura teocrática de los ayatolás. Alireza, que regenta un establecimiento de hostelería en Santa Cruz de Tenerife, llegó a la isla hace cuatro años, aunque su vínculo comenzó hace siete, cuando su padre se casó con una mujer canaria. "Creo que ha estado siempre en mi destino venir a Tenerife y por eso, tomé la decisión", ha explicado. A pesar de la distancia y la nostalgia, se siente feliz en su nuevo hogar, al que no duda en calificar como "un paraíso". Su vida en Canarias contrasta radicalmente con la realidad que dejó atrás, una realidad que, según sus palabras, "cada año ha ido empeorando". El retrato que Alireza perfila de su país es el de una sociedad oprimida y silenciada. Ha relatado la imposibilidad de expresar opiniones contrarias al régimen y la prohibición de manifestarse libremente. "Si una cosa es positiva para ellos (en referecia al régimen) tú puedes hacer una manifestación, pero si una cosa es negativa, no te permiten hacer una manifestación", ha lamentado. Esta falta de libertades fundamentales ahoga a una población que, asegura, solo desea una cosa: "una vida normal, un relación normal con todo el mundo". La opresión se ceba especialmente con las mujeres, que ven coartados derechos básicos. Alireza ha destacado la dolorosa normalidad de prohibiciones que en Occidente resultan inconcebibles. "Una mujer en mi país no puede montar wn motocicleta, o por ejemplo, no puede decidir su ropa o su manera vestir", ha denunciado, calificando la situación de "fatal" y "horrible". Aunque ha aclarado que el acceso a la educación o al trabajo es igualitario, subraya que estas limitaciones atentan contra "los derechos humanos", insistiendo en que "hombre y mujer siempre son iguales, y los dos deberían tener los mismos derechos". La situación económica es otro de los pilares del descontento popular. El aislamiento internacional, agravado por "el problema con Estados Unidos", provoca que "cada año la situación económica vaya empeorando, los precios suben y el valor de nuestro dinero baja". Las protestas por estas condiciones son reprimidas con una violencia extrema. Alireza ha recordado un episodio de hace tres o cuatro años, cuando "el régimen mató a 1500 personas, porque la gente salió por la calle para manifestarse, porque subió precio de petróleo y gasolina". Ante este panorama de represión y falta de futuro, Alireza justifica su postura a favor del ataque de Estados Unidos e Israel. Aunque insiste en que a ninguna "persona normal le gusta guerra", lo considera el único camino viable. "Lamentablemente, sí", ha respondido tajantemente al ser preguntado si apoya la ofensiva. Su razonamiento se basa en la indefensión del pueblo: "Es la única solución que nos queda". Para explicar la desesperación de sus compatriotas, ha utilizado una dura analogía: "El gobierno de Irán es parecido a un padre a un familia al que le da igual la situación económica de su familia, golpea a sus hijos, daña a su familia. Es obvio que en un momento sus hijos, sus niños, buscan una ayuda". Según su visión, los ataques exteriores se centran en objetivos estratégicos del régimen, debilitando así la capacidad represora y dando una oportunidad a la población para alzar la voz. "Así puede ser que mi gente pueda salir por la calle, y decir con libertad lo que quiere", ha añadido en un castellano correcto para el poco tiempo que lleva en España. Su apoyo es una decisión meditada, fruto de la impotencia. "Yo apoyo, aunque no me gusta la guerra, pero la realidad es que nosotros no tenemos fuerza y la única solución y oportunidad que tenemos es eso, yo apoyo", ha reiterado con firmeza. Ha justificado esta postura en el futuro de las nuevas generaciones, porque está convencido de que "la situación debería cambiar". Las cifras que ha mencionado sobre las últimas protestas son aterradoras y dan contexto a su drástica postura: ha hablado de 40.000 personas muertas directamente, más de 120.000 heridos y 10.000 personas que "perdieron sus ojos". Alireza también ha reflexionado sobre el origen de la dictadura, que se remonta a hace casi 50 años. Un líder, en referencia al ayatolá Jomeini, "vino, habló bonito, mintió a la gente" con promesas populistas como "agua gratis, transporte público gratis, o casa gratis". El pueblo, ha dicho, se preguntó entoces "¿por qué no tener una vida mejor?", pero "después del primer año, todo empezó a parecer que todo era una sueño, una mentira, era una estafa". Desde entonces, el régimen se niega a consultar a la ciudadanía, alegando que "ustedes no entienden". El mayor anhelo de Alireza es poder regresar algún día a su país, pero no al Irán actual. "Obvio que me gustaría volver a mi país, es mi casa, es mi sangre. Yo amo mi país", ha afirmado con emoción. Su apoyo a la intervención militar es, en última instancia, una apuesta por el futuro, la "única esperanza en fondo de mi corazón". Un futuro en el que "mi gente pueda ser feliz, pueda elegir con libertad, puede hablar su decisión con libertad". Su deseo final, expresado con la voz quebrada, resume el sentir de millones: "Me gustaría un día Irán libre y Irán feliz".