Cuando una persona empieza a trabajar en una empresa, lo habitual es que el contrato incluya un periodo de prueba. Puede durar unas semanas, tres meses o incluso seis, dependiendo del convenio y del puesto. Durante ese tiempo, tanto la empresa como el trabajador pueden valorar si la relación laboral encaja con las expectativas iniciales. Sin embargo, no todos conocen con exactitud cuáles son sus derechos en esa fase inicial.