Se define a sí misma como una "matabichos" y, por encima de científica, como "inventora", porque, como ha explicado, "las inventoras hemos estado ocultadas a lo largo de la historia". La doctora valenciana Pilar Mateo ha repasado su trayectoria vital y su compromiso social en la sección 'Gente que cuenta' del programa 'Mediodía COPE MÁS Valencia'. Su trabajo, centrado en la lucha contra enfermedades transmitidas por insectos, ha salvado vidas en algunos de los rincones más vulnerables del planeta. Pilar Mateo creció con "el olor a barniz" de la pequeña fábrica que su padre, un "emprendedor humilde" de un pueblo de Teruel, levantó en Valencia. A pesar de ese entorno, su camino no fue directo. Tras licenciarse, su padre le dijo: "tienes que empezar como empecé yo, cargando garrafas y poniendo etiquetas". Su paso de proteger materiales a proteger vidas fue fruto de "la providencia". Tras trabajar en pinturas anticorrosivas ecológicas y otros inventos, un día leyó en el periódico sobre un hospital cerrado por "bichos" y decidió crear una "pintura insecticida". El primer intento fue "un desastre", pero el fracaso la impulsó a desarrollar una innovadora tecnología de microencapsulación polimérica, que patentó por primera vez en 1996 y que se adelantó 30 años a las actuales nanopartículas. Su vida dio un vuelco cuando la buscaron desde el Chaco boliviano, donde la gente moría a causa de la enfermedad de Chagas. Al llegar allí, tras un viaje de casi 30 horas, se encontró con una realidad inesperada: "no había paredes en las casas, eran 4 palos". Ante la imposibilidad de aplicar su pintura, su compromiso la llevó a empezar a construir casas y a implicarse profundamente con el mundo indígena. Esta experiencia sobre el terreno le hizo cuestionarse el enfoque tradicional de la ciencia. "A veces se le da más importancia a las enfermedades que a las personas que las sufren", ha afirmado Mateo. Explica que para las comunidades con las que trabaja, que sufren de dengue, malaria o leishmaniasis, las necesidades básicas como "buenas paredes" o "comer" son más urgentes que los congresos científicos. El camino, reconoce, "ha sido muy duro", sin ayudas institucionales por no encajar ni como empresa, ni como ONG ni como centro público. Esta lucha la ha llevado incluso a recibir "amenazas de muerte" en Bolivia, según le relató a Carles Villeta, presentador del espacio. Sin embargo, los obstáculos le han dado más fuerza: "Ahora es cuando me puedo permitir decir lo que digo, porque nadie puede decir que no funciona", asegura, gracias a los más de 20 años de evaluaciones científicas que respaldan su tecnología. A pesar de los reconocimientos internacionales, como ser finalista del premio Princesa de Asturias o premiada por UNICEF, Pilar Mateo tiene claro cuál es su mayor satisfacción. "El mejor premio es cuando he ido por una comunidad indígena y me abraza una madre y me ha dicho, 'doctorita, mi hijo no tiene chagas', eso no tiene precio", ha contado emocionada. Recientemente, su figura ha sido convertida en una muñeca, reconocida como "mejor juguete promotor de la igualdad", y pronto saldrá un cuento sobre su vida. Como gesto solidario tras las inundaciones de la dana que arrasaron su laboratorio en Paiporta, ha decidido donar las primeras 100 muñecas a los colegios de la zona afectada para que 'la muñeca hable y cuente historias de ciencia'. Aunque lo perdió todo en la riada, la inventora valenciana ya trabaja en la reconstrucción y en "nuevos proyectos y nuevas patentes". Para Pilar Mateo, tirar la toalla no es una opción cuando hay vidas en juego. Su objetivo final es que su trabajo cuente que "ha habido gente que no se ha contagiado y no ha muerto" gracias a su tecnología.