El arte contemporáneo sale a la calle

El arte contemporáneo escapa del habitual cubo blanco en museos y galerías. Las obras salen de sus paredes. Aparte de las que se exhibirán este semana en los pabellones 7 y 9 de Ifema dentro de ARCO , hemos visto estos días tres proyectos de Thomas Hirschhorn, Elena del Rivero y Justin Caguiat en una estación de tren, un panteón y una iglesia. También es posible admirar obras de Soledad Sevilla en la fachada y los escaparates de unos grandes almacenes y el de Cristina Lucas en la suite real de un hotel de lujo. Madrid se llena de arte. Martes, 24 de febrero. Once de la mañana. Ponemos rumbo a la estación de Atocha en Madrid . Parece que ha caído un misil: escombros por todas partes, ruido de taladradoras... Está en obras, como medio Madrid. Hemos acudido a la cita con el artista suizo Thomas Hirschhorn (Berna, 1957) y su 'Pop-up-Marilyn', un proyecto efímero de arte público, el primero que hace en España. Solo duró siete horas (hasta las seis de la tarde). El jueves 26 se repitió, esta vez en la estación de Oriente de Lisboa. Es una de las propuestas con las que se celebra el V aniversario del Museo Helga de Alvear en Cáceres, en cuyo jardín recaló el proyecto el fin de semana. Hubo una fiesta con sesiones de DJ, cine, gastronomía, talleres... Una celebración agridulce porque faltaba la galerista y coleccionista, el alma de este museo, fallecida hace poco más de un año. Cuesta encontrar el lugar exacto de la convocatoria en la planta -1 de Atocha. Iba a instalarse originariamente en otra zona, pero a última hora se le asignó un lugar algo apartado, en una esquina, muy cerca de la calle. El artista, acompañado por la directora del museo extremeño, Sandra Guimarães , aún no ha comenzado a montar la instalación. De momento, solo se ha colocado una pancarta que reza: «5 años Museo Helga de Alvear, Cáceres = ¡Si puedes hacerlo aquí, puedes hacerlo en cualquier lugar!». Se trata de un altar dedicado a la Marilyn de Warhol , un acrílico sobre lienzo de 1986 de la Colección Helga de Alvear . Unos operarios instalan el cuadro en el centro del espacio. Queda protegido por una caja de metacrilato. Después, Hirschhorn, ayudado por Guimarães, comienza a pegar por todo el altar cartones y corazones forrados de papel dorado y plateado con fotos, latas de sopa Campbell, flores, frases del artista norteamericano... También colocan jarrones con flores, como en los nichos de los cementerios; cuencos con naranjas, limones y manzanas (como si fueran ofrendas a la diosa warholiana), esterillas, peluches... Le falta por cubrir un trozo del altar, se pasa por la tienda de al lado y compra dos peluches más: uno de Mickey y otro de Minnie Mouse. A problemas, soluciones. A ambos lados del altar se hallan la tienda de 'gadgets' y una máquina de vending. También, una pantalla por donde van pasando anuncios publicitarios. En uno de ellos leemos: «Iryio. Volvamos juntos». Hirschhorn, enchaquetado, se afana por instalar el altar contrarreloj. No deja de colocar y pegar cosas. Para que luego digan que el arte no cansa. Es capaz de decorarte una habitación en veinte minutos. Una señora pasa por delante. Nos pregunta: «¿Y esto 'pa' qué es?» Hay pocos críticos de arte más lúcidos. Cree que es algo relacionado con el accidente de Adamuz. Le explicamos que no tiene nada que ver. Acabado el altar, el artista se recompone y reparte folletos de la celebración del Museo Helga de Alvear. Explica Guimarães a los periodistas presentes que le pidió al artista crear una conexión entre Lisboa y Madrid, poniendo Cáceres en el centro : «La idea era pensar que Cáceres puede ser un centro del arte estratégico, que se sitúa entre dos capitales, Madrid y Lisboa. No hay un centro del arte, hay varios; no hay periferias, hay lugares donde se puede trabajar. Queríamos homenajear a Helga, pero sobre todo decir: 'Hay que venir a Cáceres porque hay mucho más que esta obra de Warhol, que es muy relevante'. Es una invitación a visitarnos, a tener experiencias que son diferentes. Es un museo vivo, que se transforma, que contamina, que es algo poroso». Thomas Hirschhorn, añade Guimarães, «es un artista que trabaja en muchos proyectos en el espacio público. Estamos celebrando cinco años del Museo Helga de Alvear, y quiero poner el foco en el arte, en los artistas, proporcionar encuentros y salir más allá de las paredes de un museo. Hirschhorn miró nuestra colección y eligió a Warhol. Es un gran fan de su trabajo y del de Joseph Beuys. Son dos referentes que le han inspirado desde siempre. Estoy segura de que a Helga le habría encantado saber que su museo, para celebrar sus cinco años de vida, estaría en Madrid y en Lisboa, con una obra de su colección. Ella siempre se enamoraba de las obras que adquiría». Se acerca Thomas Hirschhorn en un alto como repartidor de folletos. «Este trabajo, 'Pop-Up-Marilyn', está dedicado a Marilyn Monroe. Trajimos aquí esta obra para decirle a la gente que el arte puede moverse y que puede viajar. Invitamos a la gente a ir a Cáceres y disfrutar del museo y su colección. Warhol es un artista muy importante. Lo amo desde que era estudiante. La primera obra de él que vi fue '129 Die in Jet!'. Me tocó muy profundamente. Me sentí inmediatamente implicado en el arte en general y en su trabajo. Estamos celebrando los cinco años del museo con este pop-up en Lisboa y Madrid. Y el museo hace de enlace entre estas dos grandes ciudades. Es un altar en el espacio público para celebrar el arte, siempre y en todas partes. Todos son bienvenidos a venir al museo y celebrarlo con nosotros». Sobre el proyecto, dice que «cuando son en espacios públicos nunca es fácil. Siempre es una batalla . Pero aquí estamos». Jueves, 26 de febrero. Siguiente parada, a las seis de la tarde, en el Panteón de España (antes llamado Panteón de los Hombres Ilustres), que acoge 'Canto para un monumento funerario', que Elena del Rivero ha realizado en colaboración con estudiantes del Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona. Es la primera de las dos sedes en Madrid de 'La quema. Una retrospectiva de Elena del Rivero', comisariada por Mateo Feijoo y que permanecerá abierta hasta el 24 de mayo. Entre los monumentos dedicados a Sagasta, Eduardo Dato, Cánovas o Canalejas, la artista ha colocado una jaula de conejos dorada, que encierra botellas antiguas con cenizas de sus obras quemadas (quiere donar la pieza a un museo gallego) en una radical acción que Elena del Rivero (Valencia, 1949) llevó a cabo en octubre de 2024 en San Pedro Fiz de Vilar, una aldea de Orense en la frontera con Portugal de apenas once habitantes, quienes colaboraron activamente en el proyecto, inspirado en la trilogía 'Into their labours', de John Berger. Como un ritual de sanación, purificación o renacimiento, la artista quemó 51 de sus obras realizadas en los años 70 y 80, ocho meses después de estar en distintos espacios de la aldea. El objetivo de una acción tan radical fue activar un territorio del olvido y potenciar la memoria para reflexionar sobre la desaparición del mundo rural y el éxodo hacia las ciudades. Indultó una obra basada en la séptima morada de Santa Teresa, que donó a la comunidad. Un pasacalles con la gaita de Pablo Carpintero nos lleva al cercano Museo de Antropología , segunda sede del proyecto, donde se exhiben collages de su serie 'Ensamblajes' -hay influencia de Rauschenberg-, un muro que evoca a Kounellis y el 'arte povera'..., rodeados de objetos de uso tradicional, como un telar, panales de miel que han sido dorados, colchas y poemas en gallego. Ha contado con la ayuda de un cantero del pueblo y el dorador del Palacio Real. En las paredes, citas de San Mateo. En la sala contigua, ochenta fotografías de su serie 'Un mosaico de lo común', que realizó con cuatro cámaras (una, de su madre): animales, las manos de los granjeros, paisajes envueltos en niebla... En una vitrina, un diario visual de los últimos 23 días antes de la quema realizado con los objetos recogidos en sus paseos por la aldea: una pieza por día. Es un homenaje a Duchamp. En unas hay dibujos hechos con telarañas. Como banda sonora, las palabras de Elvira, una vecina de la aldea. La performance se cerró con un concierto a cargo de Llorenç Barber, Montserrat Palacios, Demeter's Project y Pablo Carpintero. Esta artista sabe muy bien lo que es la pérdida. Su estudio en Manhattan quedó   destruido en los atentados del 11-S en 2001 (se hallaba muy cerca de las Torres Gemelas). Con los restos de la catástrofe creó su 'Archivo del polvo'. Años después, el huracán Sandy inundó un almacén donde guardaba sus trabajos. ¿Qué lleva a un artista a un acto tan antinatural como quemar sus propias obras? «Esto surge de la experiencia. Me encontré con las manos vacías. Con el paso del tiempo he hecho un archivo inmenso, he creado a partir de la destrucción. Quiero segur trabajando sobre la herida, sobre la sutura, sobre el duelo... Decidí ser yo la hacedora de la destrucción y quemar mis obras de juventud. Pensé en el fin del campesinado y entroncarlo con el fin del arte contemporáneo como lo hemos entendido hasta ahora. Ha cambiado radicalmente». ¿Para bien o para mal? «Lo más negativo es que nos han convertido en productores de artículos de lujo. Es un reflejo de la sociedad». Es muy crítica con «esta modernez de llevar la ciudad al campo, sin implicar a la gente de allí; es de conquistador. Por eso se muere la España rural. Mi experiencia con esa aldea me ha cambiado». ¿Se siente bien tratada en el Reina Sofía? «Me siento más querida en Estados Unidos. Pero no pasa nada, me da igual. Lo mío es ir contracorriente, no tengo galería. Las ausencias, a veces tienen una presencia más fuerte que las presencias». Martes, 3 de marzo. La última cita tiene lugar en la parroquia de Santa Ana y la Esperanza en Moratalaz , en el número 35 de la calle de la Cañada. Es la sede elegida este año por la Fundación Sandretto Re Rebaudengo para organizar una exposición coincidiendo con la apertura de ARCO. Concretamente, la primera muestra de Justin Caguiat   (Tokio, 1989) en España. Comisariada por Hans Ulrich Obrist y producida por Isabela Mora, 'Zodiac Machine' reúne pintura, escultura, obra gráfica, cine y sonido. Aparte de en la iglesia, hay obras en espacios circundantes: plazas y escaparates hasta el Mercado de Moratalaz, que cuenta con algunos locales en desuso. Tras su paso por Madrid (hasta el 1 de abril), la muestra se verá en otoño en la Serpentine Gallery de Londres. No es habitual que una iglesia sea sede de una exposición. Esta, construida entre 1965 y 1971, fue diseñada por el arquitecto Miguel Fisac . Fue el primer templo proyectado siguiendo las directrices marcadas por el Concilio Vaticano II. Fisac diseñó una planta en forma de óvalo en la que todo converge en el presbiterio. Los bancos, también diseñados por él, están dispuestos en forma de abanico en el que el altar es su centro. Para este proyecto, Caguiat, un artista interdisciplinar, se ha inspirado en la catedral construida por Justo Gallego en Mejorada del Campo entre 1960 y 2021 sin tener formación arquitectónica alguna. Para ello utilizó materiales reciclados y encontrados. Explica Ulrich Obrist que las obras de Caguiat «responden a la libertad creativa sin límites de Justo gallego como una responsabilidad más que como un ideal. 'Zodiac Machine' se inspira en la devoción total del arquitecto rebelde, produciendo formas que son a la vez generativas e insostenibles».