Fueron 109 los bancos de todo el mundo los que se vieron atrapados por el concurso de acreedores de Pescanova SA, ya fuera por operaciones sindicadas de financiación como por líneas de factoring o créditos documentarios. Pero fueron siete las entidades que, finalmente, asumieron la responsabilidad de rescatar la multinacional, habida cuenta de las leoninas condiciones que ponía sobre la mesa el equipo comandado por la familia Carceller, mano a mano con los fondos KKR (Kohlberg Kravis Roberts) o Luxempart. Los bancos habían digerido quitas por más de 1.800 millones de euros —de un pasivo superior a los 3.500 millones— y diseñaron un esquema financiero que aliviaría esta losa hasta algo más de 1.500 millones de euros. Le llamaron crédito supersenior; de apellido, «crédito adicional subordinado».