El difícil posicionamiento

Panahi rodó clandestinamente en Teherán «Un simple accidente» echando mano de las técnicas de cinéma verité mediante un equipo reducido, cámaras ocultas y guiones improvisados entregados el mismo día. Agentes de paisano rodearon el set, pero lo filmado se encontraba a buen recaudo. El incorregible cineasta, que no ha dejado de jugársela, se topó con la necesidad de sacarse lo que había supuesto una segunda estancia en la cárcel, explorar sobre qué hacer si se presenta la oportunidad de devolver la violencia recibida y, cuando ocurre, hallar respuesta a si merece la pena invertir en ser capaz tú de controlarla. Una pista debió obtener cuando fue sentenciado a veinte años sin filmar y en el interrogatorio le espetaron que «una cámara es más devastadora que cualquier bomba». Y no digamos si, una vez exhibida, la obra recibe la Palma de Oro.