No hay semana en la que no te puedas echar las manos a la cabeza como forma de mostrar asombro y estupor ante las tropelías en sesión continua. La epidemia incita a la violencia permanente. Verbal o física. En España y fuera de aquí. En el terreno nacional, la pésima oposición política lo demuestra a diario, rechazando el escudo social, riéndose de la mayoría y pretendiendo que esta le apoye. En el plano internacional han visto la última ocurrencia, de momento, del dios supremo Trump, protagonista de lo que le da la gana para saciar su arrogancia y el interés político y personal que tiene con la excusa de la libertad y de la carrera nuclear.