Hay problemas clínicos que no suelen ocupar titulares, pero que condicionan de forma decisiva la calidad de vida de miles de pacientes. La disfagia —la dificultad para trasladar alimentos o líquidos desde la boca hasta el estómago— es uno de ellos. Puede pasar inadvertida al principio, confundirse con molestias menores o revelarse solo cuando ya ha desencadenado consecuencias más serias: desnutrición, deshidratación, infecciones respiratorias o neumonías por aspiración.