Al Govern se le ha sumado un aliado inesperado en su anhelo de «crecimiento cero» de turistas en verano y su vocación reguladora de flujos turísticos hacia la temporada media y baja: la meteorología berlinesa. Como siga haciendo este solecito en Berlín, nos plantamos en verano con menos alemanes en Mallorca que anoraks de plumas en el Sáhara. El calor reinante, extraordinario para los residentes e inédito para los visitantes, mereció un comentario de la propia presidenta. Que una cosa es gestionar flujos y otra es quedarnos sin. Prohens está satisfecha porque sus medidas de contención «ya dan sus frutos en temporada alta», o dicho de otra manera: han conseguido «aplanar la curva» de la demanda sin dañar el ciclo económico. Lo que, de seguir así, no va a conseguir este Govern, es aplanar la curva de los entusiastas del Espai gastròmic (entrando al estand de Baleares, a la derecha, no se lo pierdan), con el gran Miquel Calent a los fogones, el solvente David Schwartzwalder ejerciendo su saber vinícola y la entusiasta Christina Rosenberg de maestra de ceremonias. A saber: Carn de dida amb vedella de Menorca; Safarnàries de Mallorca i mel d’Eivissa; Burballes de pollastre eivissenc; Formatge de Menorca i ou de Mallorca; Mongetes amb porc Negre, sobrassada de Mallorca i herbes eivissenques; Bescuit de Formentera; Brossat de Menorca i cacauets de Mallorca. Y esto no ha hecho más que empezar.