Euphrasie Kouassi Yao, la mujer que reduce la brecha de género sin hablar de feminismo

Hombres de aldeas perdidas y violentos líderes han terminado con la cara bañada en lágrimas tras escucharla. No por un alegato incriminatorio, sino por tomar conciencia gracias a su discurso del dolor que habían causado a muchas mujeres. Esta escena repetida a lo largo de tantos lugares de Costa de Marfil resume la potencia transformadora de Euphrasie Kouassi Yao , que, sin querer hablar de feminismo, lleva 35 años luchando por la igualdad entre hombres y mujeres y promoviendo la presencia femenina como llave para el desarrollo y la paz. «A los dos años perdí a mi madre y nunca recordé su cara», dice en una conversación con periodistas. Pudo salir adelante gracias a las mujeres de su comunidad con las que luego se sintió en deuda. «En cada mujer veo la cara de mi madre, así que no quiero que sufran», explica. Los años que trabajó en una escuela se dio cuenta de que la excelencia de las niñas no les garantizaba una oportunidad laboral. Eso la motivó a impulsar leyes y proyectos para combatirlo. No sabía cómo materializar sus ideas hasta que un día, uno de sus jefes, le abrió la puerta de la política. Llegaron años de viajes a Japón, Israel y Bélgica, entre otros países, para estudiar las políticas de género y ver cómo trasladarlas a África. La resolución de Naciones Unidas sobre Mujer, Paz y Seguridad le abrió los ojos. En 2006, puso en marcha el programa CREA-PAZ en Costa de Marfil, su país estaba marcado entonces por la violencia, y logró que las mujeres tuvieran un papel clave en la resolución de los conflictos. El programa consiste en concienciar a toda la comunidad y formar a las mujeres para que luego tengan herramientas para actuar. «Fuimos los primeros en África en hacer este plan. Yo llamé a las mujeres de diferentes partidos políticos, etnias, religiones... Nos reunimos en una sala pequeña y al principio fue difícil. Pero cuando les expliqué nuestro rol de madre, de creadoras de vida y paz, fueron conscientes, dejaron de hablar de la guerra y se pusieron a trabajar y escuchar a la otra», recuerda. De aquellas conversaciones, surgieron decenas de iniciativas locales de desarrollo y cooperación impulsadas por ellas. Kouassi Yao nunca olvidará a una mujer de la región de Sakassou que formó y que ella sola logró resolver después un conflicto en su zona que llevaba más de seis años enquistado. «Las sociedades se vuelven más equilibradas, estables y prosperas cuando las mujeres participan en los procesos de tomas de decisiones», asegura. Hoy, su programa está activo en 54 países. Ayer, Kouassi Yao recibió en Madrid el Premio Harambee 2026 a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana por su carrera. Actualmente, es ministra asesora del presidente Alassane Ouattara en materia de género y antes lideró la cartera de Promoción de la Mujer, la Familia y la protección a la Infancia. Sus políticas redujeron la brecha de género en Costa de Marfil y frenaron conflictos locales por lo que, recientemente, también fue nombrada Embajadora Mundial para la Paz. Es la única mujer de su país con una Cátedra UNESCO. Con sus planes, se ha logrado que 7 de los 10 mejores estudiantes del país sean mujeres cada año. Como ministra, fue responsable de la elaboración en 2016 de la constitución de Costa de Marfil, que reconoció por primera vez el derecho de mujeres y hombres al trabajo en igualdad de oportunidades. También aprobó leyes de paridad. Hoy, sigue trabajando para que la actual representación femenina en el Parlamento de Costa de Marfil del 13 por ciento llegue al 30, lo que considera equilibrado. Por el momento, ya ha logrado elevar el número de 105 candidatas a diputada a unas 427. En su discurso no hace referencias al feminismo, es más, dice que no lo practica, a pesar de formar a mujeres para que sean independientes y elaborar leyes a favor de la igualdad. De forma implícita subyace incluso un tono crítico y da la sensación que lo entiende como un movimiento de confrontación. Preguntada por qué reticencias se encontró para implementar sus programas, la ministra marfileña explica los rechazos con los que fue recibida por ministros, diplomáticos y líderes varios y que, sin embargo, la confianza fue llegando con la demostración de que sus programas eran eficaces para el desarrollo. «Al principio, cuando yo explicaba mi proyecto, les parecía feminismo y que queríamos ocupar el lugar que ellos tenían», recuerda, y a continuación apostilla: «Pero no se trata de una lucha contra los hombres, sino de una marcha hacia el desarrollo junto a ellos». Su programa dura nueve meses «como un embarazo», bromea, y pone a trabajar en resolución de conflictos locales a hombres y mujeres, cada uno con sus «perspectivas» y aportaciones. «Cuando los hombres comprendieron que no era un enfrentamiento, empezaron a aceptarme y a invitarme a otras regiones para aplicar el programa», explica. Eso sí, Kouassi Yao admite que «queda mucho por hacer» y que seguirá trabajando para mejorar la convivencia y el progreso social en África a través de la implicación cada vez mayor de la mujer en la vida pública.