El 1 de marzo de 2001 por la mañana Fernando Alonso se subió a un Mitsubishi Shogun azul marino y se adentró en la boca del lobo con esa mezcla de determinación y timidez que lo caracteriza. Con ese coche de préstamo reconoció por primera vez el circuito de Albert Park, en la maravillosa Melbourne capital de la vida sana. Inspeccionó cada bache del asfalto, los pliegues de los pianos, la proximidad de las vallas, la chicane de la curva 3... Había entrado en el universo de la Fórmula 1. Un novato de 19 años. Hace 25 años de aquella primera participación de Alonso en la F1, 4 de marzo de 2001. Paul Stoddart fue recibido como un héroe nacional en Melbourne, su ciudad natal. El fabricante de aviones ejerció de benefactor para Alonso: con una inversión de decenas de millones de euros había salvado de la quiebra tres semanas antes a la escudería más pequeña, Minardi, el equipo en el compitieron los españoles Luis Pérez Sala y Adrián Campos. Afrontó Stoddart un reto de enormes proporciones. Los ingenieros de la fábrica de Faenza (Italia) habían montado a toda prisa un prototipo del monoplaza que debía competir en Melbourne. Un coche que solo hizo 140 km como pretemporada en el circuito de Vairano con Fernando Alonso y el brasileño Tarso Marques al volante. Ese primer auto, destinado al joven piloto español, se envió a Australia la semana antes de la carrera. El segundo, el coche de Marques, se montó dos días antes de las entrenamientos libres. Competir en Albert Park ya fue un triunfo para Minardi y Stoddart. En la F1 no había apenas españoles en 2001, el expiloto Marc Gené era probador de Williams, Pedro de la Rosa buscaba un coche y un contrato, el técnico Joan Viladelprat trabajaba en Prost después de hacerlo en Ferrari y solo el periodista y fotógrafo José María Rubio se podía considerar un pasajero habitual, presente en las carreras desde su debut en 1977. «Todo el mundo vio lo que suponía la llegada de Alonso a la F1. Era talento puro, pero conducía un Minardi. Era muy muy bueno, pero de ahí a pensar que podía ser campeón cuatro años después, nadie lo podía imaginar», recuerda a ABC Marc Gené. Luis García Abad, exmanager de Alonso y actual director del gran premio de Madrid, viajó con el asturiano a Melbourne como director de marketing de LeasePlan. Era entonces su patrocinador. «Aquella Fórmula 1 era muy artesanal, sin el grado de sofisticación y ciencia que hoy tiene -comenta García Abad-. No había simuladores. Los entrenamientos eran pruebas de campo. Y el idioma era entonces un lío, porque ni siquiera Fernando lo dominaba al cien por cien. Pero estaba feliz, muy feliz, era un adolescente. Estaba más inquieto, más chistoso, más travieso». El mánager de Fernando Alonso en 2001 era Adrián Campos, expiloto valenciano que murió en 2021 y que había competido dos años en Minardi y tutelado al ovetense en categorías inferiores. «Nos alojamos en un hotel digno y básico, limpio. Nada que ver con las estrellas de la F1. Desde el primer minuto, pensamos que estábamos de prestado, que ese mundo no nos pertenecía a los españoles», cuenta Luis García Abad. Minardi era el farolillo rojo, pero Alonso no fue el peor en la clasificación del GP Australia, sábado 3 de marzo de 2001. Salió el 19, con tres pilotos por detrás, Mazzacane, Burti y Marques. Dos filas más adelante, puesto 15, se ubicó el padre de Max Verstappen, Jos Verstappen, con un Arrows. «Fernando cogió mi sitio en el equipo de Campos cuando yo me fui a la F1. Era bastante tímido, pero hablaba en pista -dice Marc Gené-. Era valiente, tenía muchísima confianza en sí mismo, era un piloto agresivo, y sin miedo a nadie. Ni a Schumacher ni a nadie, lo trataba en pista de tú a tú». Si Fernando Alonso llegó hasta esa carrera de debut en Australia se debe a la gran afición por los coches de su padre, José Luis, oficial en una fábrica de explosivos en Asturias. José Luis Alonso no pudo ir al estreno de su hijo en Melbourne hace 25 años. Lo vio por Canal Satélite Digital, el actual Movistar +, después de pagar 1.825 pesetas (10 euros) por la carrera. «Mi mujer y yo hicimos lo mismo de siempre -cuenta José Luis Alonso a ABC-. Como cuando se iba a los karts en España o en el extranjero, o en la Nissan o en la F 3.000. La Fórmula 1 era una más, un viaje más». «Fernando se fue a Australia y bueno, pues ya volvería a casa -sigue el padre del piloto-. Si la cosa salía bien, podía seguir en la F1. Y si no, no seguía. Si no tienes dinero, patrocinadores, te tienes que marchar en este deporte. Siempre fue así, por desgracia. Por suerte Fernando siempre pudo seguir». En este proceso de inmersión en la F1 a Fernando Alonso lo tuteló un gran nombre de este deporte, Flavio Briatore. El empresario italiano lo reclutó para Renault, lo cedió a Minardi en 2001 y lo recuperó en 2002 para Renault como piloto probador. «Claro que es mejor tener a Flavio detrás que no tener a nadie -dice José Luis Alonso-. A todo el mundo le gustaría tener a alguien como Flavio, pero no nos engañemos, Flavio no regala nada. Fernando se quedó sentado en el banco en 2002 después de debutar en 2001». Después de reconocer el circuito de Albert Park con un Shogun y de clasificar 19 el sábado, Alonso acabó duodécimo de trece pilotos que terminaron la carrera. Fue doblado dos veces por Michael Schumacher, el futuro campeón. Nueve pilotos abandonaron aquel domingo. «Adri, me parece que aquí no vamos a dominar -le dijo Alonso, campeón en las categorías inferiores, a Adrián Campos-. Me han ganado los coches, no los pilotos». «El talento de Fernando se veía desde que lo patrocinamos en la Fórmula 3.000 y en la Nissan -rememora Luis García Abad-. Podía llegar o no a la Fórmula 1, podían ir mejor o peor las cosas, pero era talento y personalidad». «Su llegada nos benefició a todos -asegura Marc Gené-. No tanto en 2001, porque ya se hablada de Fórmula 1 en España, pero sí a partir de 2003, cuando ganó su primera carrera (Hungría), y sobre todo en 2005, cuando se proclamó campeón. Digamos que en 2001 mantuvo la llama viva por la Fórmula 1, cuando la veían los aficionados de verdad». Gené y Alonso coincidieron luego en Ferrari, en 2010, cuando la escudería del 'cavallino rampante' fichó al asturiano. El catalán mantiene su estatus como embajador de la marca. «Le dijimos que disfrutase del momento porque ya había corrido una carrera de Fórmula 1 y no sabíamos cuánto iba a durar eso», recuerda José Luis Alonso. Después de veinticinco años y 425 grandes premios de F1 disputados (el piloto que más ha corrido de la historia), Fernando Alonso se apresta a vivir una nueva cita en Australia, aunque tenga una pinta pésima con el motor Honda del Aston Martin.