Soldaditos de plomo

Ha quedado claro que el ejército de EE.UU. puede planificar en pocas semanas operaciones militares de gran precisión en un país y asestar un duro golpe a su líder en apenas unas horas. Detuvo a Nicolás Maduro en Venezuela —ahora preso en Nueva York—, y acaba de abatir, junto con el ejército israelí, a Jamenei en Irán. La fortaleza militar de la nación más poderosa del mundo y el drama humano son los dos elementos incontestables de las últimas guerras que estamos viviendo. Todo lo demás, recuperando a Churchill, es «un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma».