Enero es un mes cruel para el fútbol. Un mes de urgencias, de decisiones tomadas con el agua al cuello, de apuestas que rara vez cumplen lo prometido. Los mercados invernales están plagados de frustraciones, de futbolistas que llegan con el cartel de salvador y se marchan sin pena ni gloria, de inversiones que se evaporan antes de que el termómetro vuelva a subir. Por eso, cuando un club acierta -de verdad, con convicción y resultados sobre el césped-, merece ser resaltado.