La Guerra del Golfo tuvo su casus belli en la invasión de Kuwait por Irak en agosto de 1990. Varias resoluciones de la ONU condenaron la invasión y conminaron en sucesivas ocasiones al régimen de Saddam Hussein a poner fin a la ocupación ilegal del territorio kuwaití. Ante su pasividad, el Consejo de Seguridad autorizó el empleo de los medios necesarios para hacer cumplir sus resoluciones anteriores, lo que suponía autorizar el uso de la fuerza.