Los humanos llevamos recolectando cristales desde hace 780.000 años, colecciones que se han encontrado en yacimientos de China, India o en el Kalahari. Algo en ellos debía de llamar poderosamente la atención de nuestros ancestros, ya que algunos fueron transportados intencionalmente desde varios kilómetros sin ningún interés utilitario aparente. No los empleaban como herramientas, ni armas ni joyas. Simplemente, querían poseerlos porque los consideraban atractivos, una fascinación que llega hasta nuestros días. Incluso hoy hay personas que les atribuyen poderes mágicos o curativos. Juan Manuel García-Ruiz, profesor Ikerbasque en el Donostia International Physics Center (DIPC), lleva años preguntándose cuál es el origen de esta pasión por los cristales. «Nadie ha sabido responderlo hasta ahora», dice este experto en cristalografía que... Ver Más