El día que me disfracé de Jannik Sinner

La delegada pasaba lista, aunque no sé para qué, porque no íbamos a esperar a nadie. Detrás de mí, en el autobús, dos ministros arreglaban el mundo. Llegamos a Benidorm para una excursión de la universidad, a contemplar el desarrollo de los últimos años del blanco y negro. Aproveché para desliarme pronto. Busqué dónde almorzar entre la maleza del english breakfast. Yo ya había quedado con mi tío José Luis, que vive en Benidorm desde que tengo memoria. Era extraño ir a su encuentro como un paluego que vagaba por aquella dentadura apiñada de acero y hormigón.