Hace unos días, en la cafetería del Complejo Cultural San Francisco, un hombre de poco más de 40 años se acercó a Luis Pastor para darle las gracias. "Las gracias, ¿por qué?", preguntó el maestro. La respuesta fue esta: "Mi padre ha muerto hace poco víctima de un cáncer terminal. Las últimas semanas de su vida nos pidió que a diario le pusiéramos tus canciones". Pastor, curtido en esto de las emociones, volvió a ser consciente de que siempre hay espacio para la sorpresa, para el azote de los sentimientos, por muchas experiencias que hayas acumulado a lo largo del tiempo.