El presidente de EEUU lleva meses despotricando contra el Gobierno español, el principal referente progresista en Europa y con el que confronta por asuntos fundamentales para Trump: la migración, el gasto militar, Palestina y los ataques a Venezuela e Irán Trump amenaza con cortar el comercio con España y el Gobierno le exige cumplir sus acuerdos con la UE Me pasa muchas veces en Estados Unidos. Las personas progresistas o de izquierdas con las que hablo me preguntan siempre por el Gobierno de España. Desde aquí, se ve como uno de los pocos referentes progresistas del mundo occidental, como uno de los pocos países que planta cara a Donald Trump en asuntos fundamentales, como el genocidio en Gaza, la migración, el gasto militar en la OTAN y los ataques a Venezuela e Irán. Hay incluso alguno que te recuerda la intervención de Pedro Sánchez en un homenaje a José Mujica en Nueva York en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, en septiembre pasado. En aquellos días, el presidente del Gobierno se convirtió en un antagonista del trumpismo por su denuncia del genocidio israelí, el apoyo a la flotilla a Gaza y la defensa de un mundo basado en las reglas que Trump se salta cada día. En un contexto internacional en el que la Unión Europea se muestra paralizada ante los desmanes de Donald Trump y en el que las voces discordantes progresistas hay que buscarlas en Sudáfrica, Brasil o Colombia, la voz de España resuena fuerte entre la izquierda estadounidense. La izquierda estadounidense no hila tan fino como para tener presente que se necesitaron varias repeticiones electorales y cuatro años –desde diciembre de 2015 a noviembre de 2019– para que Sánchez dejara de mirar a su derecha –ahí está el acuerdo con Albert Rivera de febrero de 2016– y se comprometiera a cogobernar con su izquierda, en aquel momento liderada por Pablo Iglesias y Unidas Podemos, para inaugurar en enero de 2020 el primer gobierno de coalición desde la restauración democrática en España. Las personas de izquierdas en EEUU tampoco están en el detalle de que el Gobierno español no aprobó el embargo formal de armas a Israel hasta septiembre de 2025, cuando se cumplían dos años de genocidio, por las resistencias de la parte socialista, presionada por los movimientos sociales y los socios de gobierno –Sumar– y de investidura –Podemos, Bildu, ERC, BNG–. Del mismo modo, tampoco saben que hasta ese embargo formal se han registrado transacciones comerciales relacionadas con armas mientras se producía el genocidio, y que tiene excepciones, como la concedida a Airbus a finales de diciembre pasado. Pero también es cierto que el presidente del Gobierno español, consciente de sus socios de Gobierno y de investidura –como sabía el propio secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio–, se negó a comprometer el 5% del PIB en gasto en defensa como se pedía en la cumbre de la OTAN de junio de 2025. De la misma manera que el Gobierno español ha censurado el ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y ahora ha prohibido el uso de sus bases militares para el ataque ilegal a Irán de la mano de Israel. En efecto, ningún otro país se opuso frontalmente a Trump en la cumbre de la OTAN, si bien quedó sin resolverse el debate sobre si es realista o no el plan español de poder satisfacer los compromisos de los aliados con el 2% del PIB, cosa que no se cree la Alianza Atlántica. En aquellos días, el Gobierno español se llevó la ira de Donald Trump, quien ya amenazó por primera vez con sanciones comerciales a España por no obedecer a sus exigencias. No en vano, lo que está haciendo Trump es caja: exige un aumento del gasto militar en Europa para vender las armas que se suministran a Ucrania. Es decir, factura las armas, incentiva su industria y refuerza su mercado laboral, al tiempo que se lucra de la guerra de Ucrania. Lo que tampoco le gusta a Trump es que España se presente como modelo de acogida de migrantes. A pesar de los asesinatos en la valla de Melilla en junio de 2022, que nunca tuvieron consecuencias políticas para Fernando Grande-Marlaska, es verdad que España acaba de aprobar una regularización de migrantes impulsada por las organizaciones sociales y la izquierda que sostiene al presidente Sánchez. Y que el discurso del Gobierno español no tiene nada que ver con la narrativa criminalizadora de la Administración Trump. En efecto, el presidente de EEUU ha desatado una ola de represión migratoria que se ha traducido en los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti en enero pasado en las calles de Minneapolis y que ha ido tan lejos que hasta sus bases republicanas no la apoyan en las encuestas. Trump se desquicia con España. Hasta por las medidas anunciadas por el Gobierno para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y combatir los contenidos ilegales online y la desinformación, abriendo la puerta a la persecución penal de los CEO de las plataformas digitales que los permitan e instando a la Fiscalía a investigar los delitos cometidos por Grok (la Inteligencia Artificial de X), Tik Tok y Meta. Una serie de decisiones que llevaron al aliado de Trump y dueño de X, Elon Musk, a atacar a Sánchez: “Es un traidor al pueblo de España”. Pero lo de Irán ha sido la reacción más furibunda hasta el momento. A Trump le molestó mucho el gasto militar, pero ahí había mucho de resentimiento hacia quien no lo obedece, con lo que le gusta la gente que le hace la pelota hasta la vergüenza ajena, como Mark Rutte, secretario general de la OTAN. Y ahora con Irán ha desatado su furia, amenazando incluso con “embargos” a España. “España ha sido terrible”, ha dicho Trump: “De hecho, le he dicho a Scott [Bessent, secretario del Tesoro] que corte todas las relaciones con España. España dijo que no podemos usar sus bases. Podríamos usar su base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar allí y usarla. Nadie nos va a decir que no la usemos. Pero no tenemos por qué hacerlo. Pero ellos han sido poco amistosos”. “Puedo decidir parar hoy todo lo que hacemos con España, podemos hacerlo ahora mismo. Nos lo ha reconocido el Tribunal Supremo. Podría detener mañana, hoy mejor aún, todo lo que tenga que ver con España. Embargos. Podemos hacerlo con España”, ha dicho Trump. Bessent ha dicho que el Supremo “reafirmó su capacidad para aplicar un embargo”. ¿Lo hará Trump? ¿Aterrizará por primera vez todas las amenazas que lleva acumuladas contra España, aunque eso suponga un conflicto general con la UE porque la política comercial europea está transferida a la Comisión Europea? Pues eso es algo que iremos viendo en los próximos días. Pero lo que está claro es que Trump se desquicia con España.