Óscar Azcona, director de las Javieradas, sobre la peregrinación de 2026: "Es una experiencia de amistad, encuentro y naturaleza, pero más de fe"

Navarra acogerá este fin de semana las Javieradas, las peregrinaciones al castillo que vio nacer a San Francisco Javier. Miles de personas, con una destacada presencia de jóvenes, se pondrán en camino los días 7 y 8 de marzo, así como el próximo sábado 14 de marzo, en una edición que coincide con el 500 aniversario de la partida del santo a París para iniciar sus estudios. Esta es la 85ª edición desde que fueran convocadas de manera oficial por el arzobispo de Pamplona en 1941. Sin embargo, su origen se remonta a un año antes, cuando una asociación, los Caballeros Voluntarios de la Cruz, organizó una peregrinación de agradecimiento que congregó a unas 5.000 personas. El director de las Javieradas, Óscar Azcona Muñetas, ha explicado que, aunque muchos grupos de jóvenes de toda España acuden a la cita, "es una peregrinación abierta a todo el mundo". El corazón de la peregrinación es el Castillo de Javier, un lugar que ha sido destino de fieles durante siglos, en gran parte por la devoción al Santo Cristo de Javier. Dentro del castillo se encuentra la capilla donde, según la tradición, San Francisco Javier aprendió a rezar junto a su madre. Allí se custodia una de las joyas de la visita y un profundo símbolo de fe para los creyentes. Azcona describe la importancia de esta imagen, que se ha convertido en un punto central para los peregrinos que llegan a Javier. "Ahí está la imagen de de ese Cristo muerto, pero con una sonrisa que anuncia la Pascua y la resurrección", ha señalado el director. Para él, el recogimiento en este lugar es fundamental, y ha añadido que "merece la pena acercarse y rezar allí". Dado que San Francisco Javier es el patrón universal de las misiones, las Javieradas tienen una marcada dimensión misionera. Desde la delegación de misiones de la diócesis, que representa Azcona, se busca fomentar este espíritu durante todo el año, pero muy especialmente en esta cita. "Queremos este año presentar a través de un stand la información de las distintas actividades y posibilidades de experiencias misioneras que tenemos", ha comentado. Para hacer más tangible este compromiso, cada edición de las Javieradas se une al rostro concreto de un misionero navarro. Este año, el apoyo se dirige a Angeline Slainez, que desarrolla su labor en Honduras. La peregrinación servirá también para dar a conocer y colaborar con el proyecto que lidera en el país centroamericano, conectando la fe de los peregrinos con una causa solidaria. Aunque las Javieradas están abiertas a personas de todas las edades, la presencia juvenil es uno de sus rasgos más distintivos. Óscar Azcona, tras ocho años en la organización, ha observado que para los jóvenes es una experiencia de amistad, encuentro y naturaleza, pero "sobre todo de fe". Según él, se percibe que "esa fe llega al corazón" de los participantes, transformando el ambiente. El director de las Javieradas ha insistido en el clima positivo que se vive: "Se nota que hay fe, que hay vida interior en todos esos jóvenes, y se manifiesta, por otra parte, en la alegría, en la convivencia, en la buena disposición", ha afirmado. Considera que la ausencia de incidentes y la serenidad que reina son "una verdadera maravilla y signo de que la fe y el Espíritu Santo está ahí en medio". Para acercarse al público más joven, la organización ha decidido innovar en sus canales de comunicación. Además de su presencia en redes, este año buscan interactuar con los peregrinos a través de TikTok. Como novedad, también se ha creado una lista de música en Spotify "con todo el cariño", pensada para acompañar con momentos de reflexión y silencio a quienes realizan el camino. Esta iniciativa tecnológica se complementa con otra herramienta para la oración. Conscientes de que la masificación puede dificultar la participación en actos comunes, se ha preparado una versión en audio de la oración del Vía Crucis, que estará disponible en la misma plataforma. El objetivo, según Azcona, es facilitar que las Javieradas "se vivencien en su esencia de la manera más profunda", adaptándose a las nuevas formas de participar en la fe.