Una empresa que vende camisas a medida en EE.UU., un agricultor que vive con incertidumbre la aplicación de arenceles... nuestros Fósforos hablan de las relaciones con el país norteamericano y Antonio Agredano le pone voz y letra. Nunca he estado en Estados Unidos, pero tengo la sensación de conocer ese país de costa a costa. Lo he recorrido muchas veces través de sus novelas, de sus películas y de su música. Canciones en Seattle y copas en Boston. Perderse en Nueva Orleans y enamorarse en Nueva York. Somos parte, queramos o no, de un país a miles de kilómetros de aquí. La emoción no tiene fronteras, ese es parte de su encanto, la posibilidad de viajar, de habitar y de sentir pertenencia hasta de lugares que sólo hemos imaginado. Puestos a buscar enemigos, me cuesta encontrarlos en un lugar que nos ha dado tanto. Creo que el gran valor de un gobierno es la confianza. De ahí manan el resto de los ideales. Sin confianza es difícil sentirse representados. Sin confianza todo está sometido al azar y al interés. Y no hay nada peor que un político imprevisible. Quien gestiona España lo hace pensando que es un país más pequeño de lo que es, uno de esos lugares que ven su entorno como una amenaza. Tenemos un gobierno de mirada gacha y muchos complejos. Un gobierno a la medida de este tiempo lleno de niebla, de mentiras tratadas como verdades y de populismos enchaquetados. Yo aspiro a mucho más. Aspiro a un gobierno confiable. A la ambición. Al bien común. A entendernos en la diferencia. A saber de qué somos parte. El lado correcto de la historia, dicen ahora, para justificar el inmovilismo y la falta de cintura política. Atribuyen al presidente Kennedy una frase que dice algo como que «los Estados Unidos deben moverse muy rápido sólo para permanecer en su sitio». En realidad, es una frase que la Reina Roja le dijo a Alicia en su País de las Maravillas: «Si se quiere llegar a otro lugar, hay que correr por lo menos dos veces más rápido». La vida es movimiento y audacia. La vida es confianza y previsión. La vida es transparencia y mirada larga. Siento que vivo en un país al que le quieren arrebatar su esencia. Su valentía en la palabra. Que no quieren que navegue en las aguas exigentes de la historia. Donde su gobierno ha preferido ser poco fiable y disputar las batallas minúsculas en lugar de asumir, con coraje y en pie, los grandes desafíos de nuestro tiempo.